Actualizado hace: 4 horas 30 minutos
Keyla Alarcón Q. alarcon.tamar@gmail.com
Cetrería

El 16 de noviembre se celebró el Día Mundial de la Cetrería, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Su práctica es un arte milenario y consiste en la caza con rapaces, sin sometimiento alguno del ave, para un beneficio mutuo.

Miércoles 20 Noviembre 2019 | 04:00

Sobre su origen hay varias teorías, las que nos remontan a miles de años atrás. Algunos historiadores dicen que en Mongolia para atrapar zorros y liebres como alimento, otros afirman que en Egipto, donde pinturas demuestran halcones al puño al pie del Nilo, también en China y Japón existen registros que datan de hace 4.500 años y hallazgos rupestres en Turquía y el resto de Asia prueban la larga asociación del ser humano con estas maravillosas aves, siempre altaneras, libres y poderosas.
 A diferencia de otros países que permiten la cetrería como una forma de caza por sí sola, en Ecuador su práctica, de acuerdo a la ley, es autorizada únicamente para la rehabilitación de aves, a fin de que se incorporen a su medio silvestre o para educación ambiental; en ambos casos gozan de entrenamientos de musculación, cardio, vuelos y técnicas de acecho y persecución para que, una vez que retornen a la libertad, tengan posibilidad de éxito; y, cuando no es factible su reinserción debido a una alta dependencia con el ser humano o lesiones sufridas, tengan una relativa calidad de vida en zoológicos o centros de fauna.
Las rapaces, cuyo grupo incluye una clasificación amplia, pero en términos generales podríamos decir águilas, aguiluchos, halcones, azores, buitres, cernícalos, búhos, lechuzas, entre otras, son aquellas que utilizan sus afiladas garras para apresar y su pico para desgarrar carne, son los controladores de plagas por excelencia y contribuyen al equilibrio ecológico, de allí la importancia de protegerlas. 
Son lamentables las condiciones en las que se rescata a las rapaces en nuestro país, algunas son amarradas y criadas en jaulas junto a gallinas con la idea errónea de que se conseguirán polluelos híbridos, cosa que jamás sucede; otras son trofeos, como ocurre con el majestuoso cóndor; las lechuzas se eliminan porque la torpeza lleva a creer que son de mal agüero y otras envenenadas, lo que es habitual con los zopilotes, indispensables para eliminar carroña.
En los bosques secos de Manabí se observa con facilidad al Caracara cheriway o carancho, con su caminar gracioso, al Coragyps atratus o buitre negro, al Falco sparverius o halconcito dorado, al inteligente Parabuteo unicinctus o águila de Harris y la delicada Pandion haliaetus o águila pescadora. Ojalá éstas y otras especies nos acompañen indefinidamente.    
 
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