Actualizado hace: 6 horas 10 minutos
Mariasol Pons
La descomposición estatal SSXXI

Una persona pregunta ¿Cómo hacen los populistas para sostener el modelo? Pues no lo sostienen; el grave problema de los votantes hoy es que no logramos visualizar -a futuro- el proceso de descomposición estatal y social que conlleva el populismo en el poder. Específicamente, los actores del Socialismo del Siglo XXI.

Martes 12 Noviembre 2019 | 04:00

Cuando acudimos a las urnas, el votante engañado o que busca creer mentiras (hay de todo tipo) vota por aquel candidato que promete endosarle dinero efectivo en su bolsillo. El votante muchas veces no cuestiona el origen del dinero o su costo de oportunidad, hay un franco drama cuando la línea de reflexión es “si todos roban, por lo menos que nos den algo”. Entonces el votante transfiere su poder en las urnas y espera la inmediatez en respuesta a su voto; el populista sube al gobierno y aumenta una dádiva popular para calmar esa sed del votante y con la otra mano empieza a destinar preciados del erario lejos del beneficio ciudadano. 
¿Cómo lo pongo más claro? El populista prioriza el gasto en el control de la propaganda para lavar cerebros, usa la propaganda para esconder lo que hacen tras bastidores, financia continuamente campañas internas de su movimiento, construye obras millonarias para robar dinero encubierto en presupuesto estatal y financia con plata de todos un estado policial que oprime y espía a los ciudadanos. También cambia la malla educacional para lavar el cerebro de los más pequeños y adoctrinar con basura las preciosas mentes que significan el futuro del país y así, encajar su perpetuidad en el poder.  El gobierno populista descuida la inversión en hospitales y equipos de calidad, descuida las escuelas, descuida las becas, descuida las medicinas de los programas sociales, descuida el ahorro y descuida las plataformas deportivas.  El gobierno populista arrebata y persigue recursos de la empresa privada para financiar sus caprichos y así, asusta la inversión para generar y mantener empleos.
Cuando el votante se da cuenta de que el dinero ya no le alcanza, la escuela ya no funciona, el trabajo es limitado, en el hospital los aparatos no funcionan por falta de mantenimiento y las medicinas son escasas, entonces ya es muy tarde. Es nuestra obligación de votantes estar observantes y aplicar los mismos principios de la casa en el voto; si las cuentas no cuadran, no cuadran. No hay milagros que cubran las carencias del dinero mal gastado, hace falta tiempo y esfuerzo y es responsabilidad del votante no dejarse engañar.
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