Actualizado hace: 33 minutos
Walter O. Andrade Castro
Descentralización profunda

Manabí, como otras provincias, requiere empujar la descentralización, profundizarla. Parecería que es un paso que hay que dar antes de avanzar a otro modelo de administrar los recursos públicos más equitativo. Luce como que está a la mano, lo que no quiere decir de ninguna manera que sea fácil. El poder, después de todo, seduce, atrapa y cautiva, dijo alguna vez un político americano. Es un hechizo, comentó otro.

Lunes 04 Noviembre 2019 | 04:00

En países del primer mundo tiene límites que se observan rigurosamente. En los nuestros, aunque conceptualmente es igual, los límites son líneas débiles que se rompen, son muros que se saltan con cualquier argucia. En el tercer mundo, por  tanto, no es algo que agrada compartirlo porque quien lo disfruta se cree investido de  la capacidad para otorgar  o negar a su conveniencia todo lo que  emana del poder.
En ocasiones han existido gobernantes tan extravagantes que piensan  que tienen algo de divino que les permite hacer cualquier cosa. En este contexto, la  descentralización apunta precisamente  a cercenar, mutilar, ese poder y por eso, repito, no es nada fácil pero es, pese a todo,  lo más rápido. Es una etapa que hay que recorrer.  
Si lo dicho es cierto, en la asamblea se podría  trabajar en legislación que transfiera, por ejemplo, directamente los recursos a lo que tienen derecho los  gobiernos seccionales. No es posible que los alcaldes y prefectos pasen buena parte de su tiempo gestionando que les entreguen sus propios recursos, que se transformen en elegantes mendigos atrás de un bocado. Y claro, lo tienen que hacer porque el sistema está concebido así, pero también porque los gobiernos no tienen los recursos.  Y no lo tienen por una costumbre que viene de décadas y que aún, no obstante el adelanto tecnológico, perdura: gastan más de sus ingresos y consecuentemente viven en déficits.
Parece que los gobiernos de todos los niveles son  gastadores por naturaleza, son gigantes con permanente hambre . Por supuesto que los déficits no son exclusivos de países del tercer mundo.  EE.UU. es el país más endeudado del planeta. Pero la diferencia está en  que también es la economía más grande del mundo y su capacidad para generar riqueza es inmensa y puede pagar sus deudas.
Entonces, si tenemos gobiernos con déficits constantes, que vive prestando, lo mejor es “arrebatarles” parte del dinero para que los gobiernos seccionales cumplan.
 
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