Actualizado hace: 4 minutos
Keyla Alarcón Q. alarcon.tamar@gmail.com
Razón y conciencia

Osho, filósofo de la India, dice que hay dos poderes que siempre nos roban, si uno les permite: el político en la vida mundana o cotidiana y el religioso en la vida interior; juntos -y complementarios- atentan contra la humanidad y así acumulan poder para un fin: el económico.

Miércoles 23 Octubre 2019 | 04:00

Para que éstos no amplíen sus campos de acción es importante la educación, aquella que, desde la razón, y también a partir del corazón, nos guarde de esa actitud servil, de ir siguiendo “sin fiambre” a quien no lo merece; a nadie mismo, cada ser humano puede ser líder de su vida y de sus metas y ésta es la verdadera rebelión, no aquella que hace destruir el patrimonio, lanzar piedras y quemar llantas, o peor aún justificar la violencia como el único camino a las conquistas sociales.
El diálogo es civilizado y una virtud concedida en exclusividad al homo sapiens, ¿por qué reemplazarlo por la brutalidad de las vísceras? La vida no mejora ni cambia porque se es de tal o cual partido político, esto con excepción de algunos que gozan la miel del poder, entonces, ¿por qué confrontar a morir por apoyar a un cacique que ni siguiera se conoce a fondo y cuyo estilo de vida está a leguas del común? Uno puede ser de derecha, izquierda o del centro y aún sí tiene que trabajar cada día para llevar el pan a la mesa, porque nadie regala y se fía con aprensión, de allí la importancia de no dejarse robar, además de los bolsillos, el cerebro y el alma.
Cuando hablo de educación no me refiero a esa tradicional exclusivamente, porque por allí saldrán a decir, con cierta razón, que la cultura colonizadora o eurocentrista es la que tiene afligidas a las colectividades indígenas y minoritarias; me refiero al hecho de liberarnos desde el núcleo de todo aquello que nos haga adherirnos a algo sin una reflexión previa. 
Tanta gente que ostenta títulos de magíster o PhD, son enciclopedias andantes y sin embargo se han vuelto esclavos de doctrinas propias y adquiridas.  Necesitamos esa educación que haga dar el brinco de religioso a espiritual, de ser borrego a convertirse en artífice de la vida, de esclavo de ideologías a librepensador, de clasista a ciudadano comprometido con el desarrollo colectivo. Necesitamos conciencia para que nuestro paso por esta vida sea de evolución y de libertad y si bien esto no cambiará el mundo, puede cambiar el propio y eso es bastante. Así, la próxima vez que algún cabecilla nos pida ser parte de la horda y destruir, amenazar, insultar, botar alimentos, quemar llantas, tirar piedras, sembrar terror, agredir, responderemos acertadamente.
 
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