Actualizado hace: 49 minutos
Walter O Andrade Castro wandrade17@yahoo.com
El paro

Las lecciones del paro no son las ausencias a clases de los estudiantes en los momentos en que el mundo exige más educación, tampoco son las citas médicas incumplidas simplemente porque los pacientes no podían llegar a los hospitales; no son las oportunidades de negocios perdidas, el impacto dramático en la producción de bienes perecibles o la amargura de los propietarios de almacenes saqueados, que no les quedó más que contemplar absortos la pulverización de sus esfuerzos y sacrificios de años.

Lunes 21 Octubre 2019 | 04:00

No es  la pésima imagen que se envía al mundo cuando se entera que los desacuerdos no se arreglan alrededor de una mesa  de trabajo.
Esta lista de pesares que ya sería  suficiente para lesionar la economía de un  país, sin embargo eso no fue lo peor.  Las lecciones más dolorosas  que nos deja el paro indígena, son otras.  
Una es saber que un grupo humano puede parar un país sin que importe que esa paralización afecte a millones que nada tienen que ver con los temas en disputa.  La otra es el ataque a bienes públicos y privados como si esos bienes fueran seres vivientes culpables de las medidas que se objetan. 
Y la otra, que ha impactado a todo mundo, es la expresión de odio intenso de los  manifestantes. El  general Moreira que estuvo al frente de las Fuerzas Armadas durante los días del paro, declaró a un medio que “ jamás  ha visto ese odio  en sus 38 años de carrera militar”.
Parecería entonces que Ecuador termina dividido después del paro.  Como que  vemos las cosas con lentes diferentes que nos llevan a ver la vida también diferente y con dos visiones distintas:  la de los indígenas y sus aliados por una parte y por otra, la del resto del país.
A estas alturas, por tanto, el precio de los combustibles realmente  luce como ubicado en un segundo plano, opacado y cubierto  por  esta percepción. Lo importante ahora  es  unir al país  en los grandes temas . El doctor Facundo Manes, famoso neurocientífico  argentino  con aspiraciones políticas, insiste que  “igual que las personas que deben tener un propósito en la vida , lo mismo debe tener un país”. 
Y si se cree en eso, un sector de la población no puede buscar la solución a sus problemas  causando  problemas a otros. Así no avanzamos, ni siquiera nos quedamos en el mismo lugar sino que retrocedemos. El Ecuador, en ese momento, pierde su norte, su brújula y el país, al fin y al cabo, es de todos.  
 
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