Actualizado hace: 51 minutos
Keyla Alarcón Q.
Vuelta a la paz

Escribo este artículo el domingo 13 de octubre, cuando los colectivos sociales, liderados por el movimiento indígena, han cumplido 12 días de paro y finalmente han logrado la sustitución del decreto 883.

Miércoles 16 Octubre 2019 | 04:00

A varias vidas se han cobrado, entre ellas niñitos, policías y militares secuestrados y heridos, uno incinerado, tanquetas y patrulleros calcinados, saqueos, xenofobia, regionalismo, presos, heridos; la contraloría todavía humea, Quito exhala y los medios de comunicación y periodistas parecen hallar un respiro.
Mientras se suple el decreto, redacto desde Cuenca con optimismo porque recuperamos paz y libertad, ya no estamos sitiados, secuestrados, amenazados, insultados ni vejados; el deseo es retornar al trabajo, porque así se saca adelante al país. Y también pienso en este sosiego que hay mucho por sanar; para quienes guardamos empatía y no hemos dejado, ni dejaremos, que nos embauquen líderes politiqueros con intereses propios, no hay bandos; simplemente queremos que la violencia que ha borboteado de cada rincón del país se disipe.
A estas alturas ya no se soporta ninguna forma de intimidación, desagradan los que todavía celebran la embestida militar, al indígena que se armó de lanzas y piedras, al más o menos valiente, al que desinfló llantas, al sociópata, al anárquico; y, los que se mofaron del gendarme incinerado y del policía vituperado hastían junto al que sin conciencia histórica y social mandó a recluir a los originarios en el páramo, ni qué decir de los vengativos perennes que celebraron atentados contra periodistas y medios; a propósito de esto recuerde que hay prensa para escoger, privada, pública, comunitaria, no sintonice la que aborrece para atacarla. Es momento de parar el odio entre clases y abrazarnos en las diferencias; el racismo es ignorancia.  Empecemos a desplegar esa buena vibra desde las redes sociales, no incendie, construya, descubra lo que no conoce; es fácil ser valiente y atacar “en live”, otra cosa ser la “warmi” que carga al “wawa” y reta desde el gas lacrimógeno.
La medición de fuerzas entre Vargas, quien al humillar al policía me recordó a un perturbado Correa, y Moreno, volvió a teñir de sangre la digna resistencia indígena de 527 años; este paro, que se tomó pozos petroleros y en contadas ocasiones fue pacífico, vulneró los derechos de todo Ecuador, ojalá no se repita y en su lugar la ruta sea el diálogo. Concluido el despliegue de poderíos, abracémonos con los seres queridos a quienes no hemos visto por las carreteras quebrantadas. Y que no se escojan los muertos a quienes llorar.
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