Actualizado hace: 6 minutos
Irina Tamara Briones Rivera
Momentos difíciles

Ante el estado de grave conmoción social que vive el país, he leído mensajes de personas que piensan que quien irrumpe el orden constituido debe ser, por lo menos, sujetado; pero qué ocurre cuando ese orden constituido sólo asegura injusticia social, perjuicio a los más desposeídos, miseria, hambre. Cuando eso ocurre, lo único que se genera es inseguridad, delincuencia, violencia, agresión. No se puede hacer un país justo cuando las ganancias se reparten entre pocos y las pérdidas entre muchos.

Lunes 14 Octubre 2019 | 04:00

Está probado que en los países donde se apuesta por mejorar las condiciones de vida de todos y todas, en especial de los más empobrecidos, es decir, donde hay educación, salud, alimentación, vivienda como mínimo, se ha logrado disminuir índices delincuenciales y violencia.  De no hacerse así, no habrá muro por alto que sea que evite que a usted le roben, que se cruce una bala por su lado, que viva con la sensación de estar amenazado permanentemente.
Mientras tengamos grandes grupos de poder -cuyo mayor deseo es influir en las decisiones gubernamentales para conseguir prebendas para ellos que perjudican a los otros, a los muchos, a las mayorías-, no podremos crear un ambiente de paz y reconciliación nacional, en el que todas y todos tengamos oportunidades para crecer y ver crecer a nuestros hijos e hijas en ambientes seguros.
Para ello, los que más tienen deben asumir la carga tributaria que permita asegurar servicios públicos de calidad y vida digna a los que no lo tienen. Con esto no se asegura la vagancia y la sinvergüencería, sino que, en 2 generaciones, esos pobres no lo serán más y podrán comenzar a aportar al Estado. Así todos y todas ganamos.
En cambio, no hacerlo representa condenar a miles de familias a la pobreza extrema, que sólo causa desazón, desasosiego, desesperanza. Ante ello sólo queda envidiar, delinquir, lastimar… Por tanto, todos y todas perdemos hoy y mañana peor, dejamos un mundo cada vez más violento donde la convivencia pacífica es casi imposible.
Apostar ahora a dar más y compartir lo que se tiene, es por un lado una decisión inteligente por lo dicho en el antepenúltimo párrafo, pero a su vez cumple el mandato bíblico de Lucas 3,11: El que tiene dos túnicas, comparta con el que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.
Ecuador tiene la enorme oportunidad de evitar esta casi guerra civil haciendo un ejercicio de generosidad con criterio de equidad y justicia social.
 
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