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Intercultural
Tradición por la Virgen

El uso del carrizo para la fabricación de los castillos pirotécnicos viene de épocas pasadas.

Lunes 16 Septiembre 2019 | 04:00

 Según el periodista Sergio Abad Villavicencio, estos armatostes son verdaderas obras de arte que, en el momento de la quema, fluyen en hermosos y artísticos colores.

Diario La Hora publica que la usanza la habría motivado la veneración de los devotos de la Virgen María, de quien los pobladores aseguran que su imagen apareció en la parroquia El Cisne (Loja) en el siglo XVI. 
En aquella época, este sitio estaba azotado por una fuerte sequía y plagas en los sembríos, que llevó a que los moradores decidieran huir. 
Pero en ese instante la Virgen se habría presentado y les habría dicho que no se marcharan, que en ese territorio se construyera una capilla en su honor. 
Les dio la palabra de que las condiciones climáticas cambiarían y ellos tendrían comida todo el año.
La iglesia se erigió y la imagen se bautizó con el nombre de la comarca.
Después la gente quedó asombrada, pues la lluvia cayó y los campos reverdecieron. 
 
Tradición y legado. Con las cosechas terminó la hambruna, y por eso sus habitantes acordaron celebrar cada año a su patrona con la quema de castillos en su honor.
Desde hace 42 años Paulo Macas es parte de esa tradición, y la quema de castillos, a los que se agrega la pirotecnia, es el legado que a su familia le dejó su abuelo Francisco Macas, quien falleció a los 88 años. 
Sin embargo, la herencia de la fabricación de esos armatostes permanece intacta, y en su familia todavía se fabrican.
La costumbre establece, según Paulo, que sin la Virgen del Cisne no hay castillos pirotécnicos (los ofrecen en su honor), y estos no existirían sin la devoción de los azuayos que llegan desde Cuenca (Azuay) -por la cercanía- para halagar la imagen religiosa, a la cual coloquialmente llaman como la ‘Churonita’.
Así, estas estructuras agrupan a los peregrinos. Ellos, durante los primeros días de septiembre, antes del 8, las queman en las noches, y ello lleva a que los creyentes se congreguen en los alrededores de la iglesia Catedral. Desde allí observan el ritual de la quema.
 
Los castillos. En la actualidad, dos de los hijos de Francisco Macas construyen los castillos para los priostes azuayos, quienes a sus agrupaciones las han bautizado con las primeras fechas de septiembre. Ellos son los que contratan a los artesanos para la elaboración de esos artefactos.
 “Para el viernes 6 de septiembre, una asociación de priostes azuayos contrató a mi tío para que hiciera tres castillos que se quemaron en honor a la Virgen del Cisne”, señala Paulo, y agrega que entre varios priostes se dividen los gastos. 
“Sé que otros traen los castillos de varias partes, desde Cuenca; acá los arman y luego los queman”, comenta. 
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