Actualizado hace: 4 horas 39 minutos
Tonio Iturralde Cevallos
Muerte de García Moreno

Nunca la ciudad de Quito ha dado señales de duelo tan profundo como el día de la muerte de Gabriel García Moreno (6 de agosto de 1875). Los conjurados esperaban expresiones de júbilo y gozo libertario, pero sucedió lo contrario, el pueblo quiteño acongojado ajustició a quienes tomaron parte en el crimen.

Lunes 19 Agosto 2019 | 04:00

Faustino Rayo (asesino) ya eliminado, fue pisoteado y lanzado al río Machángara, Manuel Cornejo y Gregorio Campuzano fueron fusilados; Manuel Polanco condenado a diez años de prisión; Abelardo Moncayo y Roberto Andrade huyeron al Perú.
El pueblo estuvo consciente de que García Moreno amó la libertad no como libertinaje de acciones, sino como un campo sin obstáculos, el medio más fuerte y poderoso donde existe moral, justicia en las leyes y probidad en los gobiernos, donde el pueblo puede alcanzar sus legítimas aspiraciones.   Para lograr aquello, en una República de incipiente educación, tuvo que llegar al máximo de la severidad (al fusilamiento); encarceló a los corruptos, delincuentes y viciosos, combatió los escándalos públicos y propagandas disolventes de sociedades secretas; obligó a casarse a quienes vivían en concubinato, so pena de perder sus empleos o ser desterrados; no tolero riñas de gallos y quiso suprimir las corridas de toros.
Su inteligencia le permitió visualizar que en la administración del Estado no solo es represión, de ahí, que nada escapa a su plan de gobierno.   Civilizó al Ecuador fomentando la instrucción científica y religiosa; creando hospitales y nuevas carreras universitarias, observatorio astronómico y conservatorio de música, el telégrafo y parte del ferrocarril;  publicó libros sobre las provincias del país y la situación sísmica del mismo; inicia la explotación del petróleo, construye puentes carreteras y une a las principales ciudades de la Sierra con las de la Costa y un 25 de marzo de 1874 consagra a Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús.
Después de su muerte, los papas Pío IX y León XIII hablaron magníficamente de este mandatario, que no fue martirizado por razones políticas, sino por su fe religiosa.   Se entregó una astilla de la Santa Cruz de Jesús y un monumento, hoy erguido en el Colegio Pío Latinoamericano.  Pensadores europeos escribieron libros sobre él y adversarios se retractaron.
Santo o demonio, no lo sabemos; lo real, que García Moreno hizo un gobierno inigualable, único en el país, cuyo talento, solvencia moral y patriótica lo ubicaron en la cima de la historia ecuatoriana y entre los hombres más grandes de América.  Condiciones a las que muchos gobernantes deberían aspirar.
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