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Coliseo Romano
Coliseo Romano
Por: Oswaldo Vélez Ortiz

Jueves 15 Agosto 2019 | 04:00

En la época del emperador Julio César, éste en conjunto con la élite romana de entonces, tenía el derecho de decidir quién debía morir y de qué manera.

En el legendario Coliseo Romano, incluso se celebraban fiestas en las que el pueblo hacía propio el derecho de condenar a muerte a un ser humano sin que se haya comprobado delito alguno.

Parece ser que el Coliseo Romano se trasladó a Ecuador en su concepto, en donde el pueblo ya decide quién debe vivir y quién no. Hace diez meses en la parroquia Posorja, una multitud decidió, de manera arbitraria, terminar con la vida de tres presuntos delincuentes, quienes horas antes habían sido detenidos y custodiados por miembros del orden. Otro caso similar se dio recientemente en la comunidad La Mariscal, Otavalo, en donde dirigentes de la asamblea comunitaria discernieron en menos de tres horas el tipo de tortura que aplicarían a tres sospechosos en presencia de miembros de la fuerza pública, quienes en cumplimiento de su lema: “Servir y Proteger”, se aseguraron de que estos tres individuos, semidesnudos, desarmados y atados de pies y manos, no ocasionen desmán alguno. 
Finalmente, quiero referirme al debate que actualmente se está desarrollando en la Asamblea Nacional, en donde asambleístas, en uso del poder otorgado por el pueblo ecuatoriano, discuten y deciden sobre el derecho a la vida de seres indefensos y por supuesto, sobre las formas de acabar con su corta existencia (en lo posterior).
Con mucho dolor observo cómo en Ecuador, tanto el pueblo (sin intención de generalizar) como algunos asambleístas, consideran que tienen la autoridad suficiente de disponer sobre la continuidad de la vida de seres humanos sin que estos legitimasen su derecho a la defensa. Ante este escenario, me pregunto: ¿Dónde queda el derecho a la vida, el cual se menciona en la Constitución? ¿En verdad estamos convencidos que con matar una o más vidas daremos solución a nuestros problemas sociales? ¿Contamos con la preparación emocional, jurídica necesaria y con la suficiente calidad moral para decidir quién debe vivir y quién no?
Es perentorio que nuestra sociedad priorice el respeto a la vida y al derecho de recibir un juicio justo por nuestras acciones. En lo que respecta al debate del aborto, considero que nuestras autoridades deben orientar su análisis hacia la opción de promover la adopción de manera ágil y no priorizar sus esfuerzos en busca de justificativos para acabar con la existencia. 
Ecuador no es el Coliseo Romano. 
 
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