Actualizado hace: 3 horas 12 minutos
Manabí
Preocupación por represas manabitas

Cada día, mientras va camino a su casa, Jefferson Mendoza observa la misma imagen en la represa Poza Honda y se preocupa.

Domingo 21 Julio 2019 | 11:00

 A un costado del muro, que forma la compuerta gigante, hay tres barcazas paradas. Una es la cosechadora y las otros dos cargadoras. Juntas forman un equipo que permite recolectar los lechuguines, que cada año invaden el río.

Mendoza es el presidente del Gobierno Parroquial de Honorato Vásquez, donde está la icónica represa manabita. Señala que debido a la gran cantidad de lechuguines en la zona alta del río, muchos campesinos se quedan aislados, desconectados del resto del mundo, pues como tampoco hay caminos estables, sólo pueden salir en canoas. Los lechuguines no permiten navegar, su invasión es tan intensa que las hélices de los motores fuera de borda se doblan como papel en los tallos de tanta vegetación acuática. 
Lo peor, dice Mendoza, es que el daño que tiene paralizado a todo un sistema se puede solucionar con 80 dólares. Eso, afirma, es lo que costaría el motor de arranque que tiene dañado la cosechadora. Las cargadoras son el complemento a su trabajo. Los campesinos que viven en zonas como Bella Flor o Los Cuyeyes lamentan que esto suceda. 
Ángel Intriago, quien tiene una canoa de flete, señala que los comuneros buscan salir a pueblos del cantón Pichincha y a comunidades del Guayas. 
Agrega que en julio y agosto llegan muchos turistas de la Sierra a pasar vacaciones y entonces los más aventureros buscan recorrer desde Poza Honda hasta los pueblos del embalse, sin embargo, dice, este año sólo los puede llevar hasta el sitio La Isla, pues de allí en adelante el mundo se transforma en un manto gigante verde y temerario que les impide seguir.
Represas.  El control de los lechuguines y de toda injerencia que tenga la represa Poza Honda, su funcionamiento, operatividad y mantenimiento le corresponden a la Empresa Pública del Agua (EPA), un organismo cuya matriz está en Guayaquil y que también tiene a su cargo las represas La Esperanza, de Bolívar; y Río Grande, de Chone.
En Manabí hay voces de campesinos, técnicos y profesionales preocupados por lo que, dicen, pasa en las represas.
Para algunos hay deficiencias en el mantenimiento y a otros les preocupa el centralismo, que no les da independencia ni para comprar un repuesto, indica indignado Juan Carlos Guerra, presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de Manabí.
Guerra añade que la EPA es casi una institución fantasma, que en Portoviejo no tiene capacidad para responder las inquietudes ciudadanas.
A él le preocupan las tareas de prevención de las tres represas y la intensa tala de árboles en sus zonas de influencia, lo cual causa erosiones y sedimentación en esas grandes obras hídricas. Dice que sus inquietudes nadie les puede contestar en Manabí porque primero tienen que pedir autorización a Guayaquil.
Alex Alcívar, quien fue gerente de la ex CRM (Corporación del Manejo de Recursos Hídricos de Manabí), señala que el centralismo es tan grave en esta institución, que en el año 2017 se dañó un sifón (válvula) que permite pasar agua para riego a los canales de Colón-El Cady y hasta ahora no ha sido reparado. 
Recordó que cuando existió la CRM había independencia para solucionar estos problemas, pues la presión de los agricultores o de los ciudadanos era tal, que las autoridades tenían que responder, sin embargo, dice, ahora el funcionario está en Guayaquil y allá no le llega ningún reclamo.
Indica que a la CRM se la estigmatizó tanto por el gobernante Rafael Correa que terminó desapareciendo, aunque era la institución más importante de la provincia. Era en la práctica un ministerio manabita que hizo la primera represa del país (Poza Honda), la represa La Esperanza, incluso el asfaltado de Portoviejo y otras ciudades.
Regis Moreira, presidente de la Junta Cívica de Calceta, señala que en la ciudadanía hay inquietud con lo que pasa en la represa La Esperanza. Indica que hace más de un mes se registró un conato de incendio en un cuarto de máquinas; sin embargo, la ciudadanía no sabe qué sucedió oficialmente, por lo que las especulaciones hacen más daño. 
Dice que por averiguaciones propias conoció que el daño fue en un área que la EPA le dio a otra institución.
George Cevallos, jefe del Cuerpo de Bomberos de Bolívar, explica que cuando ellos llegaron al auxilio encontraron gran cantidad de humo tóxico que salía del área de baterías, las cuales son del porte de una nevera. Indica que el sobrecalentamiento había dañado a tres de ellas y emanaba humo ácido, que puede ocasionar la muerte de quien lo absorbe. 
Explica que el equipo de rescate de a poco fue controlando la situación y luego le dieron recomendaciones al personal para evitar una tragedia. 
Menciona que a veces la falta de mantenimiento puede generar un recalentamiento. Los bomberos no conocen a qué entidad pertenecen los equipos, sólo saben que fue dentro de las instalaciones de la represa, a donde no está permitido el ingreso. 
Elvis Suárez, presidente del comité vial de Río Grande, indica que cuando se construyó la represa Río Grande, en Chone, se dijo 
que no habrían más inundaciones, cosa que fue mentira.  
Ahora el agua se queda represada y se descompone, por eso en el vertedero hay olores a aguas estancadas, y eso es lo que baja y se procesa para que la ciudadanía consuma, alerta.
Además indica que la represa no está sirviendo ni para riego ni para consumo humano, aunque sí nota un buen manejo en el lugar.
La epa. Francisco Pico, analista de operación y mantenimiento de la EPA en Portoviejo, indica que las tres represas están operativas y trabajando con normalidad. 
Agrega que cuentan con personal de mantenimiento y reparación. En la EPA hay 86 trabajadores de operación y mantenimiento, además de 10 del área administrativa. Añade que el presupuesto de operaciones y mantenimiento se maneja en Guayaquil y cada año se destinan entre 10 y 14 millones de dólares, dependiendo de daños o sequías. Allí se incluyen los sueldos de empleados, mantenimiento, combustibles de vehículos y más. Un rubro alto (unos 2,4 millones de dólares) se va en trasvasar agua desde la represa La Esperanza hasta Poza Honda, pues explica que cada año durante el verano Poza Honda se queda con poca agua, entonces hay que proveerle.
El agua (6,4 metros cúbicos por segundo) llega por un túnel de 16 kilómetros, pero para que eso suceda hay que activar un potente equipo de impulsión de 2.400 kilovoltios de electricidad, que en definitiva genera un gasto de 400.000 dólares al mes. En promedio, esto se lo hace por 6 meses del verano.
En el caso del sifón del canal de riego de Colón, señala que ya está listo un estudio para la reconstrucción del sistema, que cuesta 680.000 dólares, y esperan que los oferentes presenten sus propuestas.
Afirma que el motor de arranque de la cosechadora de Poza Honda se instaló y ya va a funcionar.
Insiste en que todo está operativo y que ahora buscan presupuesto para potenciar el desagüe de fondo de la represa Poza Honda. Este sistema tiene 46 años y fue reparado en el 2016 y en el 2019. Pico expresa que se requiere una intervención integral para hacerlo más moderno, para evacuar 50 m3 de agua por segundo y no los 30 metros actuales. El estudio señala que se necesitan 2 millones de dólares. En Guayaquil deben asignar los recursos. 
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