Actualizado hace: 3 horas 53 minutos
Portoviejo
94 años y trabaja sin pensar en jubilarse

Tiene 94 años de edad, no usa lentes para nada, se moviliza sola y dos días a la semana trabaja elaborando huevos moyos.

Sábado 20 Julio 2019 | 10:00

En “Dulcinea”, cada uno de los postres que se preparan tiene un toque especial, pero si se trata de los huevos moyos -esas bolitas de manjar sólido que suscitan mil y una emociones en las bocas de quienes los prueban-, nada como los preparados por doña Ninfa Tuárez Tuárez, una mujer de la cual nadie podría admirarse si no fuera porque nació hace 94 años, con sus días y sus noches.

Sentada cómodamente, doña Ninfa primero recorta con una tijera los papelitos de colores que sirven de envoltorio y luego amasa, con sus manos ajadas, los huevos requeridos.
“Yo saqué los ojos verdes a mi madre, que era blanca, rubia, mi padre era un negro feo”, dice, como si aclarase sus orígenes, desde cuando nació en Chirijos, entonces comunidad de la parroquia Calderón, allá por el año 1925.
Con la memoria intermitente y desafinada, afirma que, para huir de un amor inconveniente, se fue a Venezuela, país en el que se perfeccionó en la elaboración de tortas especiales. 
“Allá estuve más de 20 años, cuando el país estaba bien y no como ahora, que ya no sirve. No había bautizo ni matrimonio que no tuviera mis dulces. Anduve recorriendo hasta por Margarita, yo solita”, comenta la mujer, quien aprendió en El Limón a hacer los huevos de mano de la señora Rosario Vera, cuando era adolescente. 
Antojos propios.  Aunque sus hijos están pendientes de ella, doña Ninfa cuenta que, cuando tiene antojo de alguna comida criolla, no duda en prepararla, ya sea un caldo de gallina o empanadas.
“Yo no espero que nadie me esté preparando, yo misma hago mis cosas”, dice doña Ninfa, quien se moviliza en bus, sola, para cumplir con todas sus “obligaciones” laborales.
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