Actualizado hace: 47 minutos
Keyla Alarcón Q.
Igualdad y justicia

En avance a la garantía de derechos, de los que debemos gozar todos los seres humanos sin excepción, la Corte Constitucional aprobó el matrimonio civil igualitario, en favor de las personas LGBTI.

Miércoles 19 Junio 2019 | 04:00

Organismos internacionales que trabajan por la igualdad y justicia han celebrado esta decisión que unifica en la diversidad y dignifica; y, también en el país, los defensores de los derechos han aplaudido el decreto. 
Qué bonito que todos los seres humanos, independientemente de nuestra identidad de género, vayamos teniendo en nuestros caminos evolutivos –no todos, algunos viven estancados-, mejores y más justas oportunidades para realizarnos personal, social e integralmente.
Lo que no entendí bien es aquello de que a ciertos grupos religiosos les parezca una abominación o una aberración; a ver, si discutimos el tema desde un solo punto de vista, el de la cristiandad, resulta así porque se desconocen historias y otras verdades anteriores a ésta; hablamos de culturas nativas y con una mayor sabiduría, alrededor de todo el mundo, también en los mismos pueblos andinos, en donde la homosexualidad era considerada sagrada y cuyos maestros espirituales, con alma femenina y masculina, daban consejo. El cronista de Indias Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557) se refiere a hombres mágicos con poderes sobrenaturales que eran homosexuales en Centroamérica; Pedro Cieza de León (1520-1554), otro cronista, también se refiere a esta práctica para ejercer como sacerdotes y guardas en la cultura Inca; y así se podrían seguir enumerando muchos ejemplos. 
En efecto, antes de la Conquista, la consideración que tenían las personas con una identidad sexual “diferente” a la “normal” establecida por la cristiandad, era otra y su participación social y espiritual en la vida colectiva era apreciada y respetada. Son un conjunto de creencias recientes, impuestas pocos siglos atrás, las que nos infunden ese odio y tabú por las diversidades sexuales; ventajosamente leyendo y estudiando se puede curar. Aún falta mucho trabajo por los derechos humanos en el país; por los mismos LGBTI, por las mujeres y por las sociedades indígenas, entre otros grupos vulnerados, que merecen seguir creciendo en ese camino de libertad y ecuanimidad; aquí la sociedad, -mientras lleguen esos reconocimientos y conquistas colectivas, de las cuales hay muchas, pero no suficientes-, es soporte indefectible; comprender la necesidad de la legalización del aborto, entender por qué una adolescente no debe estar obligada a ejercer la maternidad, valorar a las sociedades indígenas, respetar su territorio y entender que merecen una cuota política con igual poder al de otros grupos es urgente y es lo mínimamente justo y necesario. Las marchas en contra de los LGBTI, lideradas por el fanatismo, no contribuyen en absoluto a la paz y a la unidad y tampoco protegen a la tradicional familia; éstas son el espacio para la obcecación y el odio.  A la familia y a los hijos se los protege usando la razón, evitando el dogma, apelando a la historia, reconociendo los años de lucha por los derechos, recurriendo al amor, aceptando la diversidad, cultivando la empatía. 
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