Actualizado hace: 43 minutos
Tradicional
Un buen sabor que se forjó con trabajo

Una variedad de dulces, tortas y pasteles genera una sensación de ansiedad en quienes visitan la pastelería ‘Dulcinea’.

Martes 11 Junio 2019 | 11:00

 No es el Cuerpo de Bomberos ni el servicio de emergencia del hospital; sin embargo, los 365 días del año sus puertas están abiertas a todo aquel que quiera saborear un postre distinto, un postre cuya concepción -aunque suene demasiado académico- es producto de una ardua preparación y de mucha creatividad.

La responsable directa de que todo funcione a pedir de boca en la pastelería ‘Dulcinea’ es su propietaria y mentora, doña Isabel Vergara Altamirano, una chonense cuya firmeza cuando habla refleja a una mujer que ha sabido encarar los desafíos de la vida.
“Desde pequeña vi que mi mamá -Amada Altamirano- hacía pasteles básicos en casa para consumo familiar. Entonces yo veía que ella mezclaba harina, huevo, mantequilla y yo, de unos 8 años, hacía lo mismo en unos tazones en donde tomábamos café, porque habíamos roto todas las tazas”, recuerda doña Isabel, mientras le da indicaciones a uno de sus 10 empleados que debe preparar manjar.
 
Creatividad. El contacto con la naturaleza también la proveyó de algunos frutos para afianzar su creatividad, pues de niña cogía pechiche y grosellas de los árboles para hacer dulces.
“Cuando crecí y comencé a estudiar en el colegio Portoviejo había dos especialidades: una de manualidad y otra de comercio. En la de manualidad había cocina y pastelería, lo que escogí”, evoca doña Isabel, quien resalta que muchas de las recetas que actualmente aplica las aprendió en el colegio. “Por ejemplo, el coco rallado, la mermelada de piña y unos ricos panes de almidón los aprendí allí”, dice.
Fiel a la tradición, cuando se casó siguió haciendo pasteles -ya se había graduado en la universidad popular de la UTM en Pastelería- para familiares y amigos, siempre sin cobrar nada, hasta que alguien le dijo que tomara conciencia sobre todo el trabajo que demandaba preparar los pasteles.
Fue entonces cuando surgió la idea de crear su propia pastelería, a la cual ella misma, luego de un arduo debate familiar, bautizó como ‘Dulcinea’, en homenaje al personaje idílico de ‘Don Quijote’, una obra que le causó grato impacto.
Hoy en día, doña Isabel -a quien en sus inicios la conocían como ‘Dulcinea’- se ufana en decir que no tiene competencia porque sus productos “son únicos, de una masa especial”.
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