Actualizado hace: 2 horas 26 minutos
Pavel Saltos Pico
La caída del “Benefactor”

El 30 de mayo se cumplen 58 años del asesinato de uno de los dictadores más sanguinarios del siglo pasado en Latinoamérica, Rafael Trujillo Molina. Su régimen fue el ejemplo anacrónico del nepotismo, del culto a la personalidad, del autoritarismo, del control absorbente y descarado de todos los poderes del estado, y del genocidio de miles de dominicanos.

Domingo 26 Mayo 2019 | 04:00

Trujillo murió en su ley abaleado por un grupo de insurgentes hartos de más de 30 años de sanguinaria dictadura, poco después sus ajusticiadores fueron asesinados uno a uno por los residuos de los tentáculos muñones de aquella inmunda dictadura.  
Luego de su muerte, el imperio despótico se fue desmoronando como un castillo de naipes. Se respiraron aires de libertad y democracia, Santo Domingo volvió a llamarse así, dejando de lado el fanfarrón nombre de Ciudad Trujillo. Los siguientes años no fueron fáciles y la República fue secuestrada por golpes de estado e invasiones extranjeras. Hoy República Dominicana cuenta con una imperfecta, pero democracia en fin. Para las actuales generaciones es imprescindible dar una vuelta a la historia, para que esta no se vuelva a repetir. 
En Ecuador han existido intentonas autoritarias, caudillistas y dictaduras disfrazadas de libertad, que guardando las distancias de la dominicana han querido replicarse en nuestra blandengue y frágil democracia. Rafael Correa Delgado fue su último prototipo, un pésimo imitador de rey, de majestuoso y fiel exponente del populismo. Defendió a su primo hasta que ya no pudo poner las manos al fuego por él, su imagen fue publicitada en cada espacio de la cotidianidad de la vida de los ecuatorianos, “sus opiniones” eran llevadas a ley por añadidura, nadie estaba por encima de él, acaparó descaradamente todos los poderes del estado que estaban a su disposición, encarceló a cuanto opositor pudo, atacó a la prensa libre. Afortunadamente Ecuador no fue la República Dominicana del principio de siglo, y el fantoche de soberanito recibió de su propia medicina. 
Las nuevas generaciones tenemos la obligación de construir democracia en democracia. De impedir toda expresión que coarte las libertades y que imite en lo más mínimo a  ídolos de barro salvadores de la patria. 
 
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