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"Vende su cuerpo"
Una ‘miss’ que se prostituye

Todo está bien, siempre le va bien. Salvo cuando la confunden con una mujer y el cliente se enoja, pero eso ya no es culpa suya. Claro que no, asegura.

Domingo 14 Abril 2019 | 11:00

 Ámbar suele ser sincera con los hombres. Cada vez que se acerca al auto de un posible cliente e inclina el cuerpo hacia la ventana, responde con franqueza: “soy transexual”. 

Claro, si se lo preguntan. Porque a veces sólo le piden que se suba al carro y ella lo hace. La sorpresa viene después en el motel. La sorpresa y el disgusto por ver entre sus piernas algo que no concuerda con su ropa, sus gestos. Eso siempre ha estado allí.  
“Una vez un cliente me dejó botada en el cuarto, fue terrible y grosero, pensó que era mujer, pero no lo preguntó”, indica.
“Llámame Ámbar”, dice mucho antes de contar la historia del cliente grosero. Ese es el nombre que usa en el mundo de la prostitución. No quiere que conozcan su identidad porque en cuatro años aspira a ser concejal de Montecristi, donde vive, y lo que se diga aquí, en este texto, puede hacerle daño en su trabajo. 
-¿Cuál,  en  la prostitución o en la política?
-La política, claro. Aunque da lo mismo, a veces se parecen- señala y suelta una carcajada. 
Ámbar es flaca, 20 años,  rostro maquillado, usa peluca, vestido corto, labial rojo, rubor rosa, los ojos cargados de negro y celeste. Quien la ve desprevenido puede llegar a confundirla.  Claro que sí, una chica, como cualquier otra. 
Ámbar ha sido reina trans por más de tres ocasiones. Ganó la corona de su barrio, fue miss de su parroquia y también en su ciudad. Es una de esas misses que sí trabaja, dice. 
Usualmente le gusta organizar campeonatos de fútbol o bingos para ayudar a los vecinos. “Ya sabes, una reina no solo es rostro y cuerpo bonito, también es trabajo, inteligencia y servicio a la gente”, expresa. 
Ya habla como concejal. 
El trabajo.  A las nueve de la noche la esquina del banco de Machala, en la avenida Malecón, huele a vainilla, a caramelo, a perfumes fuertes y dulces.    
Las trabajadoras sexuales van de un lado a otro, sonríen, muestran el cuerpo en diminutos vestidos. Caminan inseguras, trastabillan con los tacos. 
Te saludan agitando solo dos dedos, como si probaran el viento. Es un ritual, todas lo hacen, pescan clientes, las sonrisas sobran. 
En una esquina Ámbar acaba de desocuparse de un cliente. Suena raro, en otras palabras, acaba de tener relaciones sexuales. Es uno  fijo, de esos que la buscan siempre. Cuando las noches son frías, cuando  el cuerpo está caliente. 
“Tengo mis conocidos. Hay de todo un poco, solteros, casados, viejos, jóvenes.   No te puedo especificar, le hago a todo”, señala con la pausa que exige el chupete que se lleva a la boca. “Sin distinción, a todo, solo por 20 dólares”. 
Ámbar lleva dos años en el oficio. No es necesidad, es curiosidad, cuenta. 
Quiere saber qué se siente. Qué pierdes o qué ganas. Que te miren los hombres, que te deseen. Hay tanto que descubrir, explica. 
-Pero, para curiosidad ya ha sido mucho tiempo
-Es que también me gusta- expresa y se ríe como poseída, me recuerda a Dupleint en su personaje diabólico, sus compañeras de calle la miran. 
Pero nada ha sido fácil, dice. Al principio no la dejaban pararse en ese lugar a buscar clientes. Siempre existe la dueña de una plaza que la reclama. De allí vienen las peleas, los insultos. Gajes del oficio, que te amenacen o te saquen corriendo. 
Por eso trabaja sólo de lunes a jueves a veces. Muy poco los fines de semana. Y tiene un horario fijo, hasta las doce nada más. Hay reglas, como en todo negocios, y hay que cumplirlas.
A esto se suma el peligro: asaltos, discriminación, insultos. Aunque actualmente la situación está tranquila, dice Ámbar. Todo está bien, a ella siempre le va bien.      
La realidad de los trans. En Ecuador, la comunidad trans, en especial las mujeres trans, son más vulnerables ante la violencia de género. 
Según el Informe Runa Sipiy de Asesinatos GLBTI (Gais, Lesbianas, Bisexuales, Transgénero, Transexuales, Travestis e Intersexuales) de la Asociación Silueta X, entre 1990 y el 2014 se registraron 82 asesinatos hacia esa comunidad.
El Observatorio GLBTI del Ecuador publicó un Informe de Acceso a la Justicia y los Derechos Humanos, donde consta que sólo en el 2014 se recibieron 35 denuncias formales de violencia contra los GLBTI. 
Según el Observatorio de Personas Trans –un proyecto que monitorea y analiza casos de asesinatos a personas trans a nivel mundial– en Centro y Suramérica se han registrado más de 1.300 asesinatos contra personas trans desde enero del 2008 hasta diciembre del 2014. Esta cifra representa el 78% de los casos de asesinatos hacia este grupo minoritario a nivel mundial. Los países con más violencia de género hacia los trans en el mundo son Brasil –con más de seiscientos asesinatos– y México –con más de ciento noventa–. En tercer puesto se encuentra Estados Unidos, con más de cien asesinatos.
Sus sueños.  Ámbar tiene sueños, como todo mundo, y son grandes. 
Cuando era niño, a los ocho años, soñaba con ser niña. Luego a los 15 lo cumplió y empezó a mostrarse como una chica. Después buscaba cambiarse el nombre y lo logró. En su cédula se identifica como mujer. Actualmente, y como ya lo dijo, quiere ser concejal. Pasar de las calles a un salón municipal. Guardar los vestidos cortos y portarse bien, seria, como lo exige el puesto. Ya sabe, toda una dama.  
Y eso que ella se considera fiestera, amiguera, le gusta el trago, los karaokes, la “vida loca”, dice. Por eso cuesta imaginarla en una oficina llena de papeles o  con la solemnidad que reclaman los pasillos de un municipio. Pero ya está, es su sueño y asegura que lo va a cumplir.  
Hasta eso hagamos campaña. Lo primero que hará al asumir la concejalía será luchar por los de su gremio. Dice que en Montecristi están abandonados. Ella asumirá la lucha por sus derechos y los acompañará en los reclamos en contra la discriminación. También seguirá con el trabajo social en los barrios, como lo viene haciendo hasta ahora. Eso no lo dejará. “Siempre he sido original, nunca falsa, por eso cumpliré todo lo que propondré”, expresa con un falsete que no logra esconder la gravedad de su voz. Levanta la mano para saludar a dos amigas (gais) que pasan por la calle. 
-Querida-, le gritan. 
-Hola guapas- contesta. 
-Marido nuevo- le responden las amigas con algarabía.  
Ámbar sonríe sonrojada. 
-Ay no, nada que ver- expresa -Son terribles esas chicas- dice en voz  baja. Ojalá algún día voten por 
mí. 
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