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Conveniencia de los  transgénicos
Conveniencia de los transgénicos
Por: Alfredo Saltos Guale

Sábado 09 Febrero 2019 | 04:00

La discusión sobre la utilización de productos transgénicos no cesa en el mundo, de allí la urgencia de tener una información apropiada ajustada a los resultados de la investigación científica sobre sus beneficios o inocuidad. Su uso en la mitigación de dolencias humanas es generalmente aceptado, basta el ejemplo de las ventajas que ha significado la aplicación de insulina para el control de diabetes, que tanto daño reporta a los seres humanos y esa sustancia es obtenida mediante ese mecanismo. Las mayores discrepancias son en torno a su aplicación en la agricultura.

 La discusión sobre la utilización de productos transgénicos no cesa en el mundo, de allí la urgencia de tener una información apropiada ajustada a los resultados de la investigación científica sobre sus beneficios o inocuidad. Su uso en la mitigación de dolencias humanas es generalmente aceptado, basta el ejemplo de las ventajas que ha significado la aplicación de insulina para el control de diabetes, que tanto daño reporta a los seres humanos y esa sustancia es obtenida mediante ese mecanismo. Las mayores discrepancias son en torno a su aplicación en la agricultura.

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), institución que clama la atención del mundo para solventar los requerimientos  alimenticios que para el 2050 serán 70% superiores a los actuales, con una población cercana a los 10 mil millones de habitantes, convierte en una prioridad global el incremento de la producción agrícola para abastecer tan alta demanda. De allí que la pregunta fundamental es ¿será suficiente con los presentes rendimientos de las siembras y su futura elevación a través de los mecanismos convencionales de mejoramiento, para responder ese desafío, sin provocar daños ambientales?
Ya no es posible ampliar las fronteras agrícolas que vienen reduciéndose, llegando la FAO a determinar que en 1970 existía un promedio por habitante de 0,38 hectáreas cultivables que se convertirán en 0,15 hectáreas en el 2050, lo cual ha determinado un uso más intenso de fertilizantes químicos con el consiguiente aumento de emisiones de gases de efecto invernadero, favoreciendo el cambio  climático, ya visible, que nadie ni el presidente Trump podrá negar. Desbrozar tierras dedicadas a bosques tampoco es una solución ni opción válida por las mismas razones ambientales y su impacto negativo a la biodiversidad, que es necesario preservar.
Frente a esta gran inquietud es menester introducir un cambio radical en el pensamiento de los ecuatorianos hacia la apertura de estudios serios que determinen si efectivamente los cultivos con semillas transgénicas son perjudiciales para la salud humana y el equilibrio ambiental, sólo después de esos análisis profundos e independientes se podrá abrir el Ecuador a los cultivos de plantas que resulten de manipulación genética, tanto los transgénicos propiamente dichos o los que resulten de edición genómica. Sin conocer esa información científica estimamos no debe satanizarse este tipo de cultivos y que sean los centros estatales como INIAP y las universidades los que definan esa incógnita.  
 
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