Actualizado hace: 4 horas 23 minutos
Editorial El Diario
Manabí requiere unidades para quemados

Hay que presionar para encontrar lo que aún falta ejecutar para superar esta carencia sanitaria

Miércoles 09 Enero 2019 | 04:00

La falta de una verdadera y completa unidad de quemados en los hospitales de Manabí es imperdonable y la solución a este problema impostergable.

Hay que valorar el trabajo de médicos, enfermeras, auxiliares, terapistas, voluntarios, fundaciones, clubes de servicio social y algunas autoridades de salud que han laborado para tratar de ayudar a los pacientes con quemaduras. A ellos, que han puesto su mejor esfuerzo en medio de las limitaciones de espacio, equipamiento, recursos e incluso medicinas, hay que reconocerles su tarea.
Pero que la ausencia de esta infraestructura no se superara en la bonanza petrolera de los últimos años, es, por lo menos, una falta de visión que bordea la indolencia. Que las nuevas casas de salud que se reconstruyen en la provincia tras el terremoto no se visualizaran como una nueva oportunidad para superar esta falencia estratégica es indignante.
También lo es que los cuatro contratos de casi 40 millones de dólares que se hicieron para repotenciar el hospital Verdi Cevallos de Portoviejo no incluyeran una solución integral para esta deficiencia; si no es una negligencia, la roza; y que el Hospital de Especialidades que se levanta en Portoviejo aún no tenga una verdadera Unidad de Quemados, es preocupante.
Sin postergación y sin más justificaciones las autoridades de salud de Manabí, los líderes y representantes de los ciudadanos deben proponer alternativas y presionar para encontrar lo que aún falta ejecutar para superar esta carencia sanitaria.
Se debe lograr cuanto antes que los pacientes con quemaduras en su cuerpo superiores al 30 por ciento se puedan atender en la provincia. Es preciso evitar que, en gran medida, su vida dependa, como hasta hoy, de un cupo y un traslado a Quito o Guayaquil.
Las decisiones equivocadas y el claro centralismo generan viajes, mayores gastos, dificultades y molestias para los familiares de los pacientes. Los traslados de los enfermos son crecientes riesgos y las esperas por un cupo se traducen en complicaciones innecesarias, secuelas dolorosas y lo que es peor, algunas veces en muerte. Hay que cambiar esa realidad.
 
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