Actualizado hace: 1 hora 11 minutos
Manabí
Don Nilfrido y la “dulzura” de la sal

Sin zapatos y con ropa deportiva, Nilfrido Lucas recorre las pampas salineras del balneario San Alejo, en Charapotó.

Martes 11 Septiembre 2018 | 11:00

 A juzgar por su atuendo, pareciera que va a participar en un torneo de fútbol en la playa. 

Él se ha dedicado a esta labor toda su vida, desde que aquellas llanuras fueron recorridas por sus antepasados y el negocio era poco lícito en las costas manabitas.
Don Nilfrido conoce el teje y maneje de la “siembra” de la sal. 
Cuenta que estas tierras contienen pozas con brazos de mar, donde emana el agua salada. Con la ayuda de una bomba de succión trasladan el líquido hasta un terreno plano, “esta agüita se pone en los plásticos y cuando se va secando va formando la capa de sal, después de eso se desconcha”, explica Don Nilfrido.
El agua reposa, el sol hace su trabajo y esperan a que la evaporación produzca pequeños cristales. 
Ocho días después el proceso está finalizado. 
Poco a poco la pampa se tiñe de manchas blancas, como si vidrios se hubieran partido en el camino. 
Nilfrido explica que estos terrenos siempre han sido de propiedad comunal y que muchas familias viven de este trabajo. 
Su mente viaja 50 años atrás, cuando era un quinceañero y ayudaba a sus abuelos a extraer el producto, en aquel tiempo extraer sal era casi que un delito, porque el Estado quería hacerse cargo del negocio, por eso se contrabandeaba, “mezquinaban lo que era de mis abuelos”, agrega entre recuerdos.
Comercio. Ramón Navarrete, presidente de la comuna San Clemente, lugar donde también se produce sal, explicó que el producto es comercializado a intermediarios y llevado a industrias de todo Ecuador, por eso esperan apoyo económico para tecnificar la producción y darle valor agregado. 
“Ojalá pudiéramos tener ese estímulo de procesar, pero no tenemos ese equipo”, expresó Navarrete.
La sal también es utilizada dentro de la crianza de ganado por los minerales que contiene, “ayuda para el crecimiento y desarrollo”, manifestó Benito Mendoza, médico veterinario. 
El especialista agregó que cuando las reses no consumen sal, pueden tener una producción baja de carne y leche.
La producción de cloruro de sodio ahora es una labor que solo deja ingresos en verano, mientras que en invierno, quien tuvo la oportunidad de guardar el material es quien obtiene trabajo.
En este balneario del cantón Sucre el quintal de sal varía su precio de 3 a 5 dólares. Hay dos variedades, la negra, que se utiliza como nutriente para el ganado, mientras que la blanca se oferta para el consumo humano. 
Don Nilfrido camina descalzo entre la pampa, se retira del lugar para buscar comida a sus trabajadores, con la esperanza de que el sol pegue en las aguas saleras como un designio bondadoso de la naturaleza.
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