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Un hasta luego
Un hasta luego
Por: Childerico Cevallos
chcevallos@eldiario.ec

Domingo 09 Septiembre 2018 | 07:00

Ha sido toda una vida la que me ha vinculado a esta empresa: pequeña antes, grande ahora, pero en cuanto a servicio a Manabí, inmensa desde su misma creación.

Cincuenta de los setenta años con que Dios aún me mantiene con existencia han sido compartidos con los pesares y las alegrías del antiguo Diario Manabita y el actual El Diario.
Algo de mí he entregado y mucho del medio he recibido: he entregado dedicación y he recibido experiencia, conocimientos, sentido de responsabilidad y muchos momentos de satisfacción al poder servir a la colectividad, basado en los principios fundamentales del periodismo con los que nació y creció la empresa, sintetizados en ser “Tribuna del pensamiento para el que tenga una idea que sembrar o una verdad que difundir”.
Soy el último de esa vieja camada que lo que escribía en máquinas mecánicas los linotipistas reescribían en caliente, fundiendo en plomo las palabras, formando las galeras y columnas ubicadas en planchas que imprimían en el papel para darle figura a periódico. 
Toda una poesía, todo un romanticismo. Toda una grata historia.
Creo que conmigo se cierra en Redacción el ciclo de aquellos que, sentados en el bordillo de la esquina de la calle Ricaurte con la Pedro Gual, local del viejo edificio, esperábamos la salida de la edición para irnos con ella bajo el brazo.
Soy el último de aquella época que a modo de Jurassic Park, de los dinosaurios, como en algún momento ese inteligente periodista eterno de El Diario, ya fallecido, Pancho Villamar, se y nos calificara a quienes nos formáramos en la universidad de la experiencia como ha sido este periódico, cuyas aulas son las calles y los profesores son las gentes, las circunstancias, el entorno vivo de la comunidad.
A través de la oportunidad que me brindara aquel prohombre del periodismo ecuatoriano, Pedro Eduardo Zambrano Izaguirre, he cosechado esa invalorable amistad de los, ahora, excompañeros, de los que se fueron de la vida y de quienes siguen laborando en Portoviejo, Manta, Santo Domingo y Quevedo.
Me voy con una consideración especial para su actual director, Pedro Zambrano Lapenta, por confiar en mí. Y complacido al comprobar que aquel joven, a quien el destino lo puso tempraneramente en la dirección de la primera empresa de comunicación de la provincia y una de las más importantes del país, no sólo la sostuviera sino que la direccionara, de tal manera que lograra multiplicarla en eficiencia profesional, extendiendo la presencia de Portoviejo a Manta con La Marea; y la de Manabí a Santo Domingo y Los Ríos, con los medios fraternos Centro y El Río.
Cae el telón luego de cincuenta años. Sostenerme se ha debido gracias a la política de confianza de quienes han sido mis directores, Pedro Zambrano Izaguirre y Pedro Zambrano Lapenta, por la libertad concedida para actuar, escribir y opinar, con un periodismo honesto y eficiente, reciprocado con lealtad, valor supremo de la gratitud, de hoy, mañana y siempre.
Mas, ojo, seguiré como el zumbido de un abejón expresándome a través de esta columna, que espero sea hasta que el Creador me llame a rendición de cuentas.
 
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