Actualizado hace: 34 minutos
Investigación
Estudiantes denuncian acoso sexual en la Universidad Eloy Alfaro

Actualmente se investiga un caso, hay otras nueve denuncias.

Domingo 12 Agosto 2018 | 15:42

“No sé cómo se siente una violación, pero me sentí abusada”, dice, y su mirada pierde fuerza, su voz también. 
Respira y continúa. “Cuando ocurrió eso me puse helada. El acondicionador de aire estaba encendido, pero no era eso lo que me daba frío. Estaba helada, como lo estoy ahora, en este momento”. 
El momento, ahora, ocurre en un centro comercial de Manta: ruidos, miradas, olor a comida, frío adentro, calor afuera y ella casi llorando al recordar el otro momento;  cuando un profesor de la Universidad Eloy Alfaro de Manabí intentó besarla.
Todo empezó con una duda sobre una clase. El profesor se ofreció a enseñarle a detalle de qué se trataba. Estaban en un aula. Solos, él, ella, una computadora y el aire acondicionado encendido. Ese aire frío que se mezcló con su miedo.  
“Me empezó a apretar las manos. Dijo que yo era especial. Intenté alejarme, pero me llevó hacia su rostro, me habló al oído y buscó mi boca. Lo esquivé, pero me bloqueé”, recuerda, y mira el celular en la mesa, luego pregunta: “¿Estás grabando? Disculpa, pero no quiero que grabes. Puedes apagar el teléfono por favor. No es por ti, es que tengo miedo. Hasta ahora me llaman abogados a decirme que me van a demandar por calumnias. Por eso no he puesto ninguna queja formal, no he firmado nada, porque ellos solo esperan que yo denuncie para demandarme”. 
El teléfono desaparece de la mesa, cae en un bolso, y ella continúa. “Me tenía de las manos. No está pasando nada, me dijo. Aquí solo estamos tú, yo y las computadoras. Tomé fuerzas, me solté y salí corriendo. Luego solo esperaba no volver a verlo. No entraba a su clase y aún así, nunca me puso falta. Me sentí abusada, eso es feo. Quisiera denunciarlo, pero él tiene dinero y abogados, y yo no tengo plata, tengo miedo”.
Y se nota. Al principio no quería hablar, pero después dijo que lo haría. Es un asunto de confianza. 
“Pero no quiero que publique mi nombre. No quiero que esos abogados me sigan llamando. Te contaré todo, ojalá se pueda hacer algo”.  
Incremento. Es como un iceberg. A veces solo se ve la parte de arriba y es pequeña, pero abajo, escondida, está lo más grande. 
El acoso sexual en la Uleam  es una realidad, un rumor de pasillos, dice Eloy Cedeño, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios (Feue). 
El acoso sexual está allí, pero pocos se atreven a denunciarlo y las autoridades a intervenir, comenta. 
En los nueve meses que lleva como dirigente ha recibido al menos 10 denuncias por acoso sexual: dos escritas y el resto han sido verbales.
Uno de los últimos casos se dio en la Facultad de Comunicación. 
“Tengo entendido que la estudiante denunció el suceso en el decanato y nosotros estamos en la obligación de respaldarla”, dice, mientras cuenta que a raíz del problema hay persecución a los estudiantes. 
Por eso elaborarán un documento mostrando su apoyo como Feue y lo publicarán en las redes sociales. 
Carlos Intriago, decano de la Facultad de Comunicación, dice que la denuncia en contra del docente está  en manos de un abogado de la universidad y de un consultorio jurídico. 
“Es una investigación muy profunda, me gustaría que se espere los resultados”, indica. 
Pero el acoso sexual no es tema reciente en la universidad. En el 2013, el mismo Eloy Cedeño apoyó la denuncia de una estudiante y logró que el docente sea expulsado de la Uleam.   
Esta semana le llegó un caso de la Facultad de  Odontología. Las otras quejas vienen de  Medicina y Agropecuaria. 
“El problema es que no todas denuncian por escrito. Hay miedo. Nuestra sugerencia es que lo hagan en la Fiscalía porque allí existen más garantías; en la universidad los tiempos son largos y hay casos que no se resuelven”, señala.  
Odontología. El acoso está allí, pero depende quién se lo diga. 
Si usted le pregunta a alguna autoridad de la universidad, decanos o directores departamentales, sobre las denuncias de acoso sexual, ellos dicen que no hay, que tal vez hubo en otros años, pero ahora no. 
En la Facultad de Odontología, por ejemplo, dirigentes estudiantiles, como Isaías Loor, cuentan que hay denuncias verbales de docentes que regalan puntos a cambio de invitaciones a  salir. 
Eso él lo considera  acoso estudiantil, pero de allí, asegura, sigue el acoso sexual, cuando ya hay otras propuestas. Y vuelve el problema de fondo, todas las quejas quedan en denuncias verbales, señala. 
“No todos se animan a hacerlo. Cuando han ocurrido esos casos, los dirigentes estudiantiles los han solucionado  internamente con los docentes y decanos”.  
En Odontología, un docente fue sancionado con una suspensión de año y medio sin sueldo porque se comprobó que hubo acoso sexual. De eso se comenta  en los pasillos de la facultad y es verdad. Ramón Muñoz, decano de la facultad, lo recuerda. 
A él le tocó aplicar la sanción, a pesar de que el suceso no ocurrió en su periodo como autoridad. Ese ha sido el único caso, asegura. 
Desde que asumió el decanato en el 2016, no se han denunciado otros. No hay, no existen. No puede dar testimonio de lo ocurrido en años anteriores.  
“En mi trayectoria como docente sí hubo  denuncias de indicios de acoso que han sido tratadas y resueltas. Ahora como decano no me ha llegado ninguna. Me gustaría que si existe acoso lo denuncien”, expresa.  
Melissa Anchundia es alumna de la facultad  y candidata a presidenta del gremio estudiantil de Odontología. 
Ella dice que el acoso es una situación que ha ocurrido durante años en la universidad. “Pero no solo aquí”, expresa. “Sino en todas las universidades, es un acto deplorable”. 
Melissa cuenta que a ella no le ha pasado, pero hay casos en su facultad que han llegado a sanciones, lo que quiere decir, según ella,  que sí se pueden resolver.
Jamileth Palma, presidenta  de la Asociación Femenina Universitaria (Afu), reconoce que el acoso sexual existe en la Uleam, pero vuelve al origen del problema: no hay denuncias escritas.  “Muchas veces nos buscan y nos cuentan sus casos, nosotros pedimos que hagan una queja formal y es allí cuando la estudiante deja el proceso”, dijo.
Palma cuenta que ha tenido compañeras que han sido acosadas, especialmente de las facultades de Derecho y Medicina. 

Incluso recuerda el caso de un docente que fue expulsado, pero es uno de 20, expresa, uno de tantos.  
Jamileth cree que hay amedrentamiento de parte de profesores. Hace poco una amiga le contó su caso y ella le pidió que denunciara, pero la chica respondió que no lo podía hacer porque el profesor le dijo: “tal vez yo no pueda hacerte nada, pero mis amigos sí”.
Y aquí aparece otro problema, la falta de protocolos para atender estos casos. 
Jamileth asegura que ya están trabajando en uno para la Uleam.
Desde el martes se buscó la versión de las autoridades de la universidad (rector y vicerrectora académica) sobre este tema, pero no fue posible concretar una cita para publicar alguna versión.  
El portal web Distintas Latitudes, en septiembre del 2016 buscó información en 63 universidades de 11 países para saber si contaban con protocolos para actuar frente a casos de abuso sexual. Los resultados demostraron que apenas 12 universidades (de México, Colombia, Uruguay, Costa Rica, El Salvador, Honduras y Ecuador) cuentan con estos documentos. 
Entonces vuelve el círculo del miedo. Las estudiantes no denuncian porque algunas no tienen pruebas. 
Otras sí las tienen. Por ejemplo, la chica con la que empezó esta  nota las tiene, pero no hay dinero para los abogados, lo que hay es miedo, mucho miedo.
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