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Portoviejo
De rescatista pasó a víctima

Socorrista, rescatista y paramédico, han sido las funciones desempeñadas por Daniel Ponce Tuárez, de 36 años de edad.

Miércoles 16 Mayo 2018 | 11:00

Nació como rescatista con el fenómeno El Niño de 1997, en los tiempos en que la humedad desvanecía las montañas y hacía crecer los ríos a su máximo expresión. La voluntad de servir, comandada por el espíritu de los jóvenes, lo llevaron a escudriñar en el lodo para sacar personas y devolverlas a la normalidad.

Muchas veces logró su cometido, otras en cambio, las lesiones de las víctimas marcaron el límite de sus vidas y se antepusieron a cualquier intención de los rescatistas.
Daniel Ponce en los actuales momentos se desempeña como paramédico del hospital Verdi Cevallos de Portoviejo, labor que ha desempeñado desde hace 20 años.
Viste de uniforme y es acompañado por un radio  del cual no se desprende ni un momento, ya que es el nexo de él con quienes monitorean los vehículos, personal de rescate y transmiten las coordenadas de la tragedia en marcha.
Escuela. Si algo ha aprendido de su trabajo, recalcó, es valorar la vida y los momentos con la familia, además de usar la fuerza colectiva a favor de la ayuda de un extraño, de esa persona que precisa de ser sacada de un lugar donde peligra su integridad y donde los segundos parecen una eternidad.
“Gracias a mi trabajo y a las experiencias soy una mejor persona”, sostuvo.
Según Ponce, él surgió junto a la Defensa Civil en un voluntariado donde había más corazón que otra cosa, ya que carecía de equipos y la logística para cumplir la tarea de manera eficiente.
“A veces tocaba escarbar con las manos y luchas contra el mal tiempo para brindar una ayuda”, señaló.  
Víctima. Un descuido, desconcentración o exceso de confianza, puede significar para un rescatista perder su vida.
Eso le ocurrió a Daniel Orlando Ponce en la ciudadela La Paz, de Portoviejo, tratando de sacar a una familia en bote. 
La creciente del invierno originó que el río Portoviejo se saliera de su cauce e inundara los sectores más bajos de la ciudad.
Quienes vivían cerca del puente Velasco Ibarra y del sector de El Papagayo sintieron los estragos.
Fue trabajando cuando Daniel Ponce casi fallece. Él se sumergió en una parte inundada, luego del acalambramiento de sus piernas. 
Había permanecido en labores de salvataje más de 24 horas y cuando empujaba un bote inflable, se fue como peso muerto. 
“Cuando pensé que me había llegado el final, me impulsé para que mis compañeros se dieran cuenta, así que me sacaron y pusieron a buen recaudo”, expresó.
Compromiso. En los tiempos malos, añadió, cuando las necesidades económicas estaban a la orden del día, la amistad del grupo de trabajo era sólida y se notaba con el cuidado hacia cada uno de ellos.
“Estábamos codo a codo trabajando y aprendiendo a ser mejores personas. Ahora muchos dejan el servicio en un segundo plano, ya que buscan un empleo donde no sienten la camiseta”, recalcó.
“Uno actúa de forma desinteresada, pero se siente reconfortante que alguien en la calle se acerque para decirte gracias, porque lo acompañaste en un momento lamentable de su existencia”, declaró Ponce.
El rescatista aseveró que el desconocimiento de las personas muchas veces se ha revertido en contra de ellos y hasta han sido golpeados, insultados o amenazados en el momento de acudir a un procedimiento. 
Según Ponce, los curiosos en lugar de aportar con espacio en la mayoría de las ocasiones se interponen a su trabajo y lo entorpecen.
“Piensan que es cuestión de llegar y llevarse al herido, cuando es algo incorrecto. Uno debe evaluarlo, estabilizarlo y luego llevarlo con el mayor cuidado posible hacia la casa de salud”, citó.
 
>DESESPERADO. El personaje recalcó que él nació para prestar servicio emergente en la calle, donde las “papas queman”.
Hace unos años estuvo como operador en el ECU-911, pero la desesperación lo devoraba porque no podía estar en el sitio mismo de la tragedia prestando su contingente.
 
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