Actualizado hace: 9 minutos
Artesanía
El sombrero, una tradición hecha arte

María Mero teje desde que está en la escuela. Le enseñó su madre, a su madre le enseñó su abuela, y a ella sus antecesores.

Miércoles 16 Mayo 2018 | 11:00

 Es una habilidad congénita que ha sido entregada de mano en mano, como la más valiosa herencia, hoy considerada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Con el cabello recogido, sandalias bajas y en posición encorvada, María apoya su cuerpo en una horma mientras sus manos tejen. Se encuentra en el portal del local “MontEcuadorHats”, ubicado en calle 9 de Julio de Montecristi, lugar donde se ubican decenas de artesanos que ofrecen sombreros y otras artesanías a los visitantes. “En la escuela enseñaban a tejer, era parte de nuestra educación, todos aprendíamos, hombres y mujeres tejían”, señala la artesana. 
María teje para los turistas, teje para sobrevivir.
Aunque sabe hacer el tejido del punto fijo, el trabajo de María en ese local consiste en el remate de los sombreros que están casi listos, es decir, la parte final del tejido. Ese trabajo tiene una remuneración de tres dólares por cada sombrero terminado, ahí trabaja solo los sábados, de 09h00 a 15h00, y a veces los domingos; durante la semana teje desde su casa, ubicada en el Cerro Guayabal, donde sus clientes la buscan para la realización de muñequitas y sombreros de paja toquilla.
Historia del tejido. Se viene tejiendo en Manabí desde siempre. 
El arte de tejer sombrero nace con las costumbres ancestrales, es una habilidad casi congénita que fue heredada de padres a hijos, tejer ha significado una fuente de ingreso en las familias.
En Manabí, el tejido de sombreros de paja toquilla se realiza en dos capas. 
La diferencia entre grueso, fino y extra fino, radica en la forma de la hebra de toquilla que se utilice.
Para hacer un sombrero fino se necesita un mazo de toquilla que tiene 24 cogollos, cada mazo está valorado en 10 dólares y es traído de El Aromo.
La finura del sombrero se mide en grados, a mayor finura, mayor es el grado. 
El precio está determinado por la calidad y el grado del sombrero manufacturado. 
Dentro de los modelos más conocidos se encuentran: “Montecristi”, “Brisa”, “Cuenca liso”, “Cuenca varias randas”, “Ventilado”, “Calado”, “Tropical”, “Torcido”, entre otros.
El tipo de sombreros en los que trabaja María es comercializado desde los $40 hasta los $100; por otra parte, el sombrero fino oscila entre los 1.000 y 1.500 dólares, mayormente es elaborado en Pile, la cual toma entre dos a cuatro meses.
La paja toquilla es una especie de palma sin tronco cuyas hojas en forma de abanicos salen desde el suelo, cada planta tiene hojas anchas que alcanzan los dos y tres metros de largo.
Joselías Sánchez, historiador, indica que la paja toquilla se viene tejiendo en Manabí hace más de cuatro mil años. “Lo vemos los figurines de las culturas ancestrales, hay unos que tienen gorros, esos gorros eran tejidos con paja toquilla. Pronto llegó a ser un sombrero de ritual o de distinción”, señala el catedrático.
Sánchez dice que la paja toquilla necesita ser cultivada en suelos húmedos y de ello depende el producto final, que a decir de los cultivadores, no sería el mismo si se cultiva en suelos secos y solo con abundantes riegos y abonos. Es a lo que se le denomina “microclima”, como el del bosque de Pacoche, por ejemplo. “Las mujeres que tejen los sombreros se llaman a sí mismas como “tejenderas”, un término antiquísimo que con el tiempo ha sido reemplazado por “tejedoras”, acota Sánchez.
 
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