Actualizado hace: 7 horas 13 minutos
Paján
La leucemia fue su batalla, pero murió en un accidente

Mientras Jenny Alvarado lavaba unas vísceras de cerdo que le había llevado su esposo, el grito de uno de sus hijos la desesperó.

Martes 13 Marzo 2018 | 04:00

El niño había corrido unos 500 metros desde la vía principal del sitio Agua Fría, de Paján, hasta su casa, atravesando el camino de tierra y cruzando los puentes de caña que existen para llegar.

La palidez en su rostro reflejaba que algo grave había pasado. “Me dijo: mami vaya a ver a Jaren que lo han encontrado caído. Lo que hice fue dejar lo que estaba haciendo y salir corriendo y llorando.  Cuando llegué no abría sus ojos”, expresa la mujer, a quien desde que empieza el relato mezcla las palabras con sus lágrimas.
Jaren era el último de sus nueve hijos. Tenía diez años; era con quien más pasaba en su casa y le ayudaba a alimentar a sus animales. Una semana antes del accidente habían viajado juntos a Quito por una invitación, pues el niño luchaba contra la leucemia desde que tenía seis años de edad.
Jenny recuerda que en diciembre del 2016, el médico que atendía a su hijo le dio la noticia de que estaba mejor por los resultados de los exámenes médicos, lo cual la puso contenta pues su niño estaba por vencer la leucemia.
El día. La mañana del 10 de junio del 2017, Jaren no quería ir a la escuela. Era sábado, pero tenía clases. Regresó temprano a su casa, alrededor de las 10h00, recuerda la madre.
Luego de cambiarse de ropa, quiso ir a visitar a su abuelo a pocos kilómetros de su casa en el sitio Agua Fría, una comunidad limítrofe entre los cantones Paján y 24 de Mayo.
Era cerca del mediodía. Los otros hijos de Jenny habían almorzado temprano para ir a la escuela, pues estudian en la tarde, mientras que ella acudió al río cerca de su casa a lavar las vísceras de cerdo.
A esa hora, Jaren esperaba carro en la vía principal para ir a la casa de su abuelo. Junto a él estaba una de sus primas, quien se subió en un carro tipo “ranchera” que hace transporte en esta zona rural.
De acuerdo a los relatos de los testigos, Jaren se habría agarrado de la parrilla de la parte de atrás del vehículo. Metros más adelante, sus brazos no habrían resistido y cayó de espaldas en el camino lastrado.
Personas que pasaban por el lugar encontraron al menor caído, lo recogieron y llevaron hasta una ramada de madera que se encuentra en el acceso hacia la casa de Jenny y su esposo. En el lugar estaban los otros hijos, relata la mujer.
Los pasos apresurados que se escuchaban alertaron a Jenny. Era uno de sus hijos que llegaba corriendo a darle la lamentable noticia.
Cuando ella llegó hasta donde tenían a Jaren,  le tomó la mano, repetía su nombre una y otra vez, pero no recibió respuesta. El niño estaba muerto.
Con su rostro cubierto de lágrimas, Jenny menciona que fue un accidente involuntario pues el conductor del vehículo no tuvo la culpa. 
Por ahora, no hay nada que calme el dolor emocional que siente cada día.
“Ya son nueve meses, pero a mi niño lo recuerdo mucho”, dice entre sollozos, al mostrar las fotografías que conserva de su viaje a Quito, donde compartió junto a otros pacientes oncológicos.
Jaren era un niño alegre, buen estudiante y quería continuar con su formación.
“Extraño su presencia, todos los días desde que amanece hasta que anochece tengo que acordarme de él”, expresa Jenny con una tristeza que contagia.
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