Actualizado hace: 29 minutos
Santa Ana
A Yandri lo perseguía “la mala fortuna”

Durante mucho tiempo lo siguió la fatalidad, pero desde el 2014 ha entrado en una buena racha, como los grandes goleadores.

Miércoles 03 Enero 2018 | 11:00

“Es que cuando un goleador se encuentra en buena racha hace goles hasta con la barriga”, dice Yandri, quien anhela mantener los momentos de paz interior que todo ser humano necesita.

Desde su niñez Yandri tuvo como compañera a la “mala fortuna”, pero como protegido por un ángel que lo quiere aquí en la tierra, ha salido vencedor de la contienda con la “calavera”.
Atropellado. El último accidente lo sufrió en el 2014, cuando viajaba al cantón 24 de Mayo.
Al llegar a Lodana y al tratar de girar cerca de la UPC, un vehículo que viajaba de Portoviejo a Santa Ana lo impactó y lo levantó por el aire. 
Producto del golpe sufrió contusiones en todo el cuerpo y una costilla hundida.
Yandri cuenta que cuando sucedió el terremoto en el 2016 pensó lo peor, pese a que en ese momento se encontraba en una cancha sintética practicando fútbol, deporte del cual es un apasionado. “Si me pasaba algo era solo si la tierra se partía”, indica.
Yandri relata que su sorprendente apego a la fatalidad vino pegada al cordón umbilical.
Indica que este elemento, que es parte del feto, se enredó en su cuello de tal manera, que puso en peligro no sólo su existencia sino la de su madre.
Favorablemente los médicos actuaron rápido y lo arrancaron de los brazos de la muerte.
A los tres años de vida tuvo su segundo percance, quizás el más leve de todos. Se aprestaba a beber una taza de leche tibia, pero en lugar de eso en el recipiente lo que había era agua hirviendo. Toda el agua cayó sobre su pecho y pie izquierdo.
Aplastado. Tres años después salió a pasear con un tío con motivo de las fiestas de Santa Ana.
En el momento menos pensado, alguien lo empujó, cayendo a la calzada al mismo momento en que pasaba el denominado carro “gusanito”. 
Una de las llantas del vehículo pasó encima de la cabeza y le desprendió una de las orejas. Afortunadamente en el centro de salud se la cosieron y le salvaron además su vida.
Mordido. Cuatro años después la fatalidad lo volvió a visitar. Yandri dice que desde pequeño quiso ser médico veterinario y en una ocasión, con un primo se puso a jugar a que eran profesionales en esa especialidad. Mientras su primo “atendía” a una gallina, él se encargaba de un cerdo de tamaño considerable. Mientras “revisaba” al porcino, uno de los colmillos del animal le cortó el nervio motor y sensitivo del pie izquierdo, quedando afectada su movilidad. 
Fue necesario que lo operaran y pudo recuperar la sensibilidad, más no la movilidad plena, por lo que tiene que emplear una férula de plástico.
A un pozo. A los doce años sufrió una de sus peores lesiones.
Dice que se encontraba jugando al escondido con un hermano, justo cuando se estaba regenerando el parque central Eloy Alfaro. 
La ansiedad por esconderse fue tan grande, que se lanzó a un pozo pensando que era pequeño. 
La sorpresa fue escalofriante cuando comenzó a descender y luego cayó al fondo, sufriendo un fuerte impacto. El hoyo tenía diez metros de profundidad. 
A los trece años chocó de frente contra un camión cuando conducía una bicicleta, aunque no sufrió lesiones. 
Casi se electrocuta. Tras tres años de respiro espiritual y físico, volvió a estar cerca de la muerte cuando casi toca con sus manos unos cables de alta tensión. 
A los 19 años, junto a un amigo, se impactaron contra una vaca mientras conducían motocicletas.
Actualmente está tranquilo y goza de “buena suerte”.
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