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Una pérdida irremplazable
Una pérdida irremplazable
Por: Carlos Vera Rodríguez

Lunes 18 Diciembre 2017 | 04:00

Decidí contarle la historia primero, a ver si así me daba la razón…

En 1979 yo simpatizaba con Rodrigo Borja Cevallos. Fundó a inicios de esa década la I.D. junto con mi madre, Jorge W. Cevallos Salas, Manuel Córdova Galarza, Efrén Cocios, Álvaro Pérez, Nicolás Issa, Xavier Ledesma y otros patriotas disidentes del Partido Liberal (tras su pacto con el Velasquismo) y del Partido Socialista marxista. Esa “simpatía” casi me costó el puesto en Ecuavisa, pues mi Jefe, el Dr. Benjamín Ortiz Brennan, era claro partidario de Sixto Durán Ballén (de quien después fui asesor y Ministro de Información y Turismo 92 – 94).  
Mi favoritisimo hacia Borja terminó cuando él culpó de su derrota ante León Febres Cordero en 1984, entre otros, al Frente femenino que dirigía mi madre. Desde luego, ella lo paró en una sesión pública y le dijo: “el culpable fuiste tú por irte a Aruba 2 semanas luego de la 1ra vuelta, en lugar de quedarte a seguir enseguida la campaña”. Mi madre se alejó sin desafiliarse para siempre de ese partido que ayudó a levantar y yo descubrí en Borja una soberbia desconocida, que se radicalizó más cuando tuvo poder como Presidente.
En las “internas” de la I.D., para escoger candidato presidencial en 1988, doña Cira Carlota de Vera apoyó a Raúl Baca Carbo. Yo desde afuera, más. Era precisa otra alternativa a la que se dejó acanallar por LFC en el debate. Rodrigo Borja tenía mayor volumen, controlaba todo el bien organizado aparataje del partido y derrotó a Baca Carbo. Poco después, en una entrevista radial con Diego Oquendo, me acusó de proclamar a Febres Cordero antes de tiempo cuando conduje en Telecentro (canal 10) la transmisión de las elecciones de 1984: “Vera sonreía beatíficamente”, añadió el Dr. Borja… 
Todo este antecedente narré con más detalles a Pedro Zambrano Izaguirre en su espacioso despacho de El Diario Manabita. Y para qué me explica usted todo eso Carlos, me preguntó. Para consultarle si lo invito o no a la serie de entrevistas que estoy realizando en Manavisión con los presidenciables, “Una noche con Manabí”, respondí…
¡Y por qué no habría de invitarlo!
¿No está claro que somos enemigos?
Usted tiene que sobreponerse a eso y cumplir su función.
¿Y si el tipo hace algún desplante aprovechando que es en vivo?
No caiga en el juego de él, Carlos. Dudo que Borja sea tan tonto. Ha pedido que lo inviten y Ud. no lo puede ignorar por su diferencia personal. Si gana, durará 4 años. Nosotros, un poco más…
Y vino  Borja.
Y entró al set sin saludarme
Y se sometió a las reglas. Justamente para no resultar yo su único interlocutor siendo su crítico, invité voceros de sectores representativos que preguntaron uno a uno.
Resultó un éxito, especialmente para Rodrigo Borja; llegó con su convincente mensaje al menos a 200.000 televidentes en Manabí y pasó el trago amargo de tenerme como anfitrión.
Una lección de tolerancia de su parte y otra de profesionalismo, de la mía. Todo por el sencillo y sabio consejo de Pedro. Escuchó todo mi “alegato”. Opinó. Y me convencí.
Los votos que ganó esa noche Borja fueron determinantes, pues ese mismo programa con uno de sus rivales, Bucaram, no se pudo efectuar. Irónicamente, fue Borja quien más atacó luego como Presidente una de las empresas de Pedro Zambrano Izaguirre, azuzado por incondicionales en Portoviejo y dolido por mis constantes críticas en Gamavisión, El Universo, El Diario Manabita y el documentado reclamo de los medios de EDIASA por el maltrato a Manabí, así como por su inercia ante varios casos de corrupción. Fue esa la ocasión para otra lección de periodismo de Pedro. La contaré en el próximo artículo. A los 25 años de su muerte es preciso rescatar al menos jirones de su filosofía en el periodismo. Algunos de sus grandes discípulos han muerto. Otros engrandecen su legado. Pero hay toda una generación que no tuvo el privilegio de tenerlo como MAESTRO.
 
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