Actualizado hace: 21 minutos
A pagar se ha dicho
A pagar se ha dicho
Por: Walter Andrade
wandrade17@yahoo.com

Lunes 17 Julio 2017 | 04:00

A lo mejor se gastó con la mejor intención -construir hospitales, escuelas o vías- en ciertos casos, pero en otros hubo excesos gigantescos como pagar, por ejemplo, 400 millones de dólares en dos vías de acceso al aeropuerto de Quito.

Lo que se hizo quizá se lo puede asimilar al padre de familia que, aprovechando los momentos de bonanza que vivía, le regala a cada hijo una casa en la ciudad y otra en la playa con el mejor de los propósitos. Pero ¿cuál sería resultado de este hipotético caso? Bueno, los activos familiares se incrementaron, se mejoró la calidad de vida. Pero resulta que después de estos regalos, el padre comienza a sentir la presión de los bancos que reclaman los pagos del préstamo; los almacenes que con “crédito directo” le ayudaron a financiar las casas que regaló, también están requiriendo sus acreencias; los familiares que colaborarán en el financiamiento cuando no alcanzó el préstamo del banco, están que claman por el pago de su parte y ante estas presiones el padre comienza a revisar sus ingresos y se da cuenta que ahora recibe la mitad de lo que recibía cuando regaló las casas y lo que prestó ya es más por los intereses que cobran sus acreedores. Entonces se encuentra frente a este dilema: pagar con intereses a los acreedores de ayer, disponer de dinero para los gastos de hoy y todo con la mitad de los ingresos!

Este sería, repito, el caso del Ecuador. Ahora lo ha dicho el presidente: “No hay mesa servida”. Los que siguen de cerca la evolución de las cifras llegan a afirmar que la deuda de Ecuador, interna y externa, podría llegar a 60 mil millones; es decir, muchísimos más de lo que se conocía. Diversas recetas se han formulado para aliviar el peso de este endeudamiento, cuyo servicio puede afectar enormemente el desarrollo económico futuro. Pero todas, absolutamente todas, pasan por un recorte de gastos, por una eficiente utilización de los dineros públicos y claro, por una reestructuración de la deuda: plazos más largos, intereses más bajos. Es decir, hacer, aunque luzca simple, lo que haría el padre de familia: acercarse a los acreedores para replantear el pago de la deuda en términos tales que le permitan vivir y al mismo tiempo cumplir con sus obligaciones y por supuesto reducir todo egreso superfluo, que en un estado burocratizado se lo encuentra por todos lados.
Así las cosas, parece que lo mejor que hay que hacer es tomar decisiones inmediatas. No reemplazar los empleados públicos que renuncian o se jubilan es una buena medida. Pero no basta: hay que gastar menos ya, ahora mismo y renegociar las deudas.
 
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