Actualizado hace: 39 minutos
Quito
Volcán Antisana pierde su ropaje blanco

El volcán Antisana ve derretir el manto blanco que lo cubre, castigado por los efectos del cambio climático.

Lunes 17 Julio 2017 | 04:00

La variación global del clima ha significado una reducción del glaciar del Antisana en unos 350 metros en los últimos 20 años, según Luis Maisincho, investigador del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi).

Y si en números la situación pinta preocupante, una mirada al glaciar desde el frío páramo a sus pies, además de belleza, devuelve tristeza por los numerosos huecos negros que ahora sobresalen en lo que antes parecía un volcán bañado con crema batida.
Pero las consecuencias de la reducción del glaciar no se quedan en la postal. Aparte de los efectos a la fauna y flora de la zona, miles de habitantes del sur de Quito podrían terminar sin el agua que les llega del coloso, situado a menos de una hora de la capital.
La aceleración en el retroceso del glaciar no se ha detenido desde la década de los setenta, y las proyecciones apuntan a que, de continuar la tendencia, el pie del glaciar, que ahora está a 4.850 metros de altura, podría avanzar hasta los 5.300 metros, según Maisincho, que alerta de un proceso “irreversible” de continuar así.
Aunque el daño ya está hecho, hundirse en lamentos o perderse en la búsqueda de culpables parece el peor de los escenarios para la naturaleza, a la que le urge que la sociedad junte sus manos para concienciarse y contrarrestar los efectos del cambio climático.
Medidas. Es que la acción del hombre, igual que es destructora también puede ser protectora, como señala el embajador de España en Ecuador, Carlos Abella y de Arístegui, en el Antisana.
Allá llegó con otros colegas de la Unión Europea (UE) para lanzar desde el glaciar un mensaje para “hacer al planeta verde otra vez” y para mostrar el manto sombrío del cambio climático, desde los jirones mismos del blanco ropaje del coloso. 
Hay quienes dicen que el clima de la zona recibe al turista de acuerdo a sus vibras: lluvioso a quienes dan a su úlcera un trabajo forzado, y con un sol radiante a los de ánimo ligero, pero estos últimos tampoco se libran del fuerte y helado viento de la zona.
“Debería haber un ejército de chusalongos-duendes- en todo lado” para combatir el cambio climático, advierte Manuel Simba, guardapáramo de la reserva hídrica Antisana.
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