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#16ATenemosMemoria
Hugo Yepes: “No estábamos listos a ningún nivel”

Para Hugo Yepes una de las cosas primordiales que debe cambiar el país es la filosofía de cómo se construye.

Domingo 16 Abril 2017 | 04:00

A un año del terremoto, su experiencia en temas de sismología le dan la capacidad para hablar de forma detallada sobre lo ocurrido. 

Pone de ejemplo siempre a Chile, un país que al igual que Ecuador es sísmico, y que con los duros golpes de la naturaleza aprendió a construir mejor para soportar cada ‘remezón’.
En entrevista con El Diario, Yepes, sismólogo del Instituto Geofísico, habla de los estudios que han realizado en Portoviejo, sobre lo que hemos aprendido y lo que nos falta tras la tragedia.
¿Cómo ha sido su trabajo tras el 16A?
Hemos hecho un trabajo muy minucioso para entender la sismología del terremoto que  empezó al norte de Pedernales y que se propagó a una velocidad de 2 kilómetros por segundo hasta el sur, afectando a Manta y Portoviejo.
El terremoto se iba moviendo y contenía un pulso muy fuerte, que era este que se liberó y la rotura fue de 100 kilómetros y duró como tal 50 segundos. Nuestra interpretación de este evento es que fue una coincidencia con la construcción, del tipo y la filosofía de la misma y por otro lado, del terremoto como fue particularmente, para que se hayan registrado los daños existentes.
¿Qué es lo que falta por estudiar?
En lo que respecta de la sismología del terremoto hemos hecho una parte importante y entonces ya entendemos cómo movió a toda la ciudad. La técnica que utilizamos no se puede repetir porque para eso nos sirvieron las réplicas y por eso estuvimos todo este año aquí y ya se acabaron. 
En conocimientos muy científicos vimos que este terremoto liberó energía mucho antes y entonces es más rápido en la carga y descarga de este lado y contradice un poco la teoría del ciclo sísmico, en donde el empuje y la acumulación no deja prever cuándo ocurriría el próximo evento.
Los sismógrafos que se instalaron aquí con ayuda internacional se van a retirar en junio, entonces tendremos una cantidad impresionante de información que nos va a permitir profundizar en detalle este evento sísmico.
Ustedes escogieron a Portoviejo como el ‘laboratorio’ tras el sismo ¿Cuáles otros datos tienen de los estudios que realizaron en la ciudad?
Hemos definido que donde se absorbe la energía sísmica y que lo transmite menos a la estructura es en las casas de las zonas de las laderas. He ahí donde hubo la menor cantidad de daños, aunque la construcción era precaria. Entonces resulta de alguna manera paradójico que la zona donde es un poco seguro para la parte sísmica es la zona más peligrosa en la parte de deslizamientos. 
Aparentemente hay una parte que cruza un poquito más al norte del centro y es un lugar que absorbe las ondas sísmicas en vez de amplificar, pero sobre todo la zona norte del aeropuerto parece que es la que más amplifica las ondas y sobre la cual se tiene que tener una mejor previsión respecto a la construcción y lo que se pueda hacer. 
Ahora estamos ejecutando la fase 2 del proyecto, que es la microzonificación sísmica de la ciudad y con eso podremos definir mejor en base a los parámetros geotécnicos, esto es, entender en dónde están los estratos más blandos y que amplifican más las ondas sísmicas y con eso el municipio podrá establecer una zonificación sísmica más adecuada para regular la construcción.
A un año del terremoto ¿Qué hemos aprendido como país de lo que nos ocurrió?
Hemos aprendido que no estábamos listos para esto a ningún nivel. En general el sistema de gestión de riesgo le daba muy poca importancia al fenómeno del terremoto y siempre estaba pensando en eventos como los tsunamis, pero no acercándose a la realidad específica del país y de su riesgo.
Por otro lado, el propio sistema resultó resquebrajado, el terremoto no solo movió casas y edificios si no también que el sistema fue sobrepasado y las decisiones verticales básicamente definieron que venían desde la presidencia, que sean ministros y personas que no estaban en el tema encargados de la atención inmediata. Puede que haya habido muchos efectos positivos de eso, pero conceptualmente el sistema dejó de ser subsidiario.
¿Se está reflexionando sobre el tema?
Hemos visto que no hay una reflexión nacional sobre eso, ni académica. Nadie sigue estos procesos y si es que lo hacen no se dan a la luz, al público para que la ciudadanía a través de la prensa pueda digerir estos análisis.
Hemos aprendido que la construcción es muy vulnerable,  que la forma en cómo se construye en Portoviejo es estándar a nivel nacional y entonces todo el país funciona igual, con sus especificaciones locales, pero lo que se aprendió aquí debería servir para reflexionar sobre la vulnerabilidad de lo ya construido y sobre el peligro sísmico relacionado con las zonas que están cargadas sísmicamente, que no son las de subducción si no las fallas geológicas que cruzan el callejón interandino.
¿Hay alguna deuda con el país? 
Lastimosamente estas acciones que se llevaron acabo por el terremoto nos impidieron aprender porque no hubo un sistemático levantamiento de los edificios caídos, un levantamiento estructural y forense para definir por qué las fallas y por qué pasó lo que pasó. 
Fuimos incapaces de aprender de lo bueno y de lo que no se cayó porque no ha habido una constatación estricta. La academia está absolutamente delimitada.
El terremoto también se convirtió en un tema central de campaña y eso tiene que ser estudiado también. 
De tal manera, que todo eso es la deuda que tiene la academia y quienes hacen reflexión a nivel nacional y que no se ha sistematizado tampoco y por tanto, insisto, que incluso con la constatación del terremoto hemos sido incapaces de aprender.
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