Actualizado hace: 32 minutos
Terremoto
Los saqueos marcaron a los comerciantes tras el 16A

Parado frente a su local, a José Moreira, propietario de almacenes Alikan, aún se le notan la tristeza y la rabia contenidas.

Miércoles 12 Abril 2017 | 04:00

Su almacén  fue medianamente saqueado después del sacudón de tierra el 16 de abril del 2016.

Moreira camina a paso acelerado por la zona cero. Es mediodía  y muestra como un guía profesional los pasadizos y callejones por donde los saqueadores  caminaron, treparon y se llevaron lo que podían, no solo la noche del sismo, también en los días posteriores. 

Recuerda lo que pasó minutos después del terremoto, y exclama “no sé qué tiene la gente para ser tan fría y calculadora. Mientras la mayoría estábamos en pánico, ellos tenían las agallas para, en medio del dolor, ingresar a los almacenes y viviendas de la hoy denominada zona cero a robar”. 
Moreira con machete en mano defendió lo suyo, “a pesar de todo me robaron, dormí cuatro meses en mi edificio, lo sigo haciendo, pues ni el decreto de excepción frenó a los saqueadores”, indica.
“En la zona cero de Tarqui los saqueos fueron continuos. Desde la noche del sábado 16 hasta el lunes 18 de abril se metían los delincuentes por donde podían, no les importaba que aparentemente estaba militarizada la zona”, recuerda. 
Cuando se permitió que los dueños de negocios pudieran ingresar con salvoconductos, se presentó otra forma de saqueo, dice Moreira, quien menciona que se contrataba camionetas y entonces los saqueadores se hacían pasar como ayudantes y volvían a robar.
Más casos. Mientras Moreira a machete limpio defendía su almacén, Kirie Bravo, propietario de almacenes de calzado Darmacio, hacía lo que podía en Portoviejo para impedir que se llevaran su mercadería.
Recuerdo, dice Bravo, “mi hijo, un hermano y esposa defendían los locales en la zona cero de Tarqui, a mí me tocó ir a Portoviejo a la hora del terremoto”.
“Cuando llegué a la capital manabita parecía que había sido bombardeada. No se podía ver a diez metros, todo era lleno de humo y polvo”, recuerda. 
“Mi local, el más grande de los que tenía entre Manta, Chone y Portoviejo, estaba por ser saqueado. Un grupo de 20 asaltantes llegó. Querían ingresar, me tocó dispersarlos, era la única forma, ellos querían en cinco minutos llevarse el esfuerzo de más de 20 años”, lamenta Bravo. 
Este comerciante asegura que fue testigo de otra clase de saqueo. 
“Había gente, especialmente hombres, entre adolescentes, jóvenes y adultos, que llegó el centro de Portoviejo y se llevaban los radios de vehículos, a los muertos les retiraban los celulares, relojes, lo que podían. Viví el caos y la degradación de algunos seres humanos que después aparecieron como damnificados pidiendo ayuda”, finaliza.
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