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Reciben a Joel con cánticos

El hincha de Emelec que resultó herido al caer de una malla en el estadio Jocay se encuentra en estado vegetativo.

Viernes 17 Febrero 2017 | 04:00

Nadie sabe si Joel escucha, pero, aún así, sus amigos lo recibieron con arengas y canciones. Ocurrió el miércoles.

La ambulancia que  lo trasladó desde un hospital de Guayaquil se parquea frente a su casa, ubicada en la ciudadela Urbirríos. 
Han pasado dos meses desde que se cayó de una valla del estadio Jocay. Ha vuelto a su casa en estado vegetativo. 
Joel Bravo es bajado en una camilla. Nelly, su madre, está ahí como siempre, a su lado. Un grupo de hinchas emelecistas llora. Otros entonan arengas. “Dale, Joel, tienes que levantarte; ponle más huevos, no te dejes vencer”.
Adentro, en la casa, lo espera una habitación de paredes blancas con arreglos emelecistas. Hay un escudo del equipo, una foto de su cumpleaños, estrellas azules y una camiseta de Emelec. 
Joel es ingresado al lugar y afuera sus amigos no dejan de cantar. Nunca lo han dejado de hacer. 
Desde el 10 de diciembre del año pasado, cuando ocurrió el accidente, ellos estuvieron afuera del hospital Rafael Rodríguez Zambrano dándole ánimos. 
Ese día Delfín recibía a Emelec, pero antes de que iniciara el partido un grupo de hinchas azules se subió a una malla del estadio y esta cayó.
Hubo 20 heridos, pero Joel fue el más perjudicado, quien se golpeó la cabeza. 
El joven de 20 años quedó en coma, y por la gravedad de su salud lo trasladaron a Guayaquil.
En el cuarto su madre lo acomoda. Pide cerrar la puerta, que es transparente para que sus amigos lo puedan ver. 
Afuera, entre la multitud que lo anima, está “Yayo”, un amigo de La Boca del Pozo, barra emelecista. 
Su nombre es Willian Zambrano. Tiene 20 años, al igual que Joel. Lo conoce desde que estudiaron en el colegio Luis Arboleda y se graduaron juntos. 
“Es una pelado tranquilo, amigable. Con él queríamos recorrer varios países de Sudamérica acompañando al Bombillo”, expresa.  
Cuando una persona se halla en estado vegetativo, no da ningún signo evidente de consciencia. Puede que los ojos de Joel estén capacitados para ver, quizá su nariz pueda oler y sus oídos escuchar las palabras cariñosas de su madre, o sus manos notar sus caricias, pero él no lo sabe. No es consciente de sí mismo ni de lo que ocurre a su alrededor. 
Sus ojos, sus oídos, sus manos y su boca se desconectaron de él cuando cayó de la valla. 
El cuidado de su madre . “Hay que esperar un milagro”, dice Nelly Ponce. “Los médicos en Guayaquil  hicieron todo lo que la ciencia les permite, ahora estamos en manos de Dios”, expresa. 
Nelly ha estado con su hijo desde que ocurrió el accidente. Cuenta que le han realizado varias operaciones y actualmente solo le funciona menos del 50 por ciento del cerebro. “Es una tristeza enorme, porque él era muy activo, un chico apasionado por su equipo. Siempre me decía que en su vida tenía dos amores: su madre y Emelec”, recuerda.
Nelly no pierde las esperanzas. Nunca dudó de que su muchacho iba a mejorar. Por eso cuando estuvo en Guayaquil aprendió cada paso que hacían las enfermeras para cuidarlo. “Sé limpiarle la traqueotomía (orificio en el cuello por donde lo alimentan), me desinfecto las manos antes de tocarlo. Hay que tratarlo como a un bebé, porque él no puede hacer nada, no se mueve”, señala.
Ahora Nelly va a realizar las gestiones para que el personal de Salud Pública de Manta lo atienda con terapias a domicilio. Y requiere ayuda para comprar las medicinas y alimentación de su hijo, que bordea los 150 dólares cada semana.
La entrada. Antonio Lino recuerda con nostalgia el día que le compró la entrada a su hijo para que acudiera al estadio. 
Joel le dijo que quería ver  a  su equipo, y Antonio madrugó para obtener el boleto. Él dice que no es el padre biológico de Joel, pero lo ha querido como si fuera su verdadero hijo.
Comparten la misma pasión por Emelec. Desde que Joel tenía un año, Antonio siempre lo vestía con camisetas del equipo.  “Fíjese usted. Quién iba a imaginar que le iba a pasar eso”, indica y hace una pausa. Gira la cabeza. Sus ojos se enrojecen y está al borde del llanto. Los amigos de Joel lo observan. Muchos siguen llorando. Antonio aún no lo hace. Él tiene que ser fuerte. 
Los integrantes de La Boca del Pozo siguen frente a la casa. Afuera hay una pancarta con el rostro de Joel. Algunos de sus amigos siguen cantando. No hay que dejar de darle ánimo, dicen. Es que, al final, encontrarse vegetativo es un estado, y ser hincha de Emelec es una pasión: “Dale, Joel, tienes que levantarte; ponle más huevos, no te dejes vencer”.
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