Actualizado hace: 12 minutos
MONTAJE
Hollywoodland (o la muerte, novia de la fama)
Actor George Reeves, el primer Superman

George Reeves, el primer Superman de la pantalla chica, apareció muerto en su casa el 16 de junio de 1959; una bala le atravesó la cabeza, aniquilándolo al instante. El cuerpo fue hallado en la habitación principal de una casa en las colinas de Hollywood. Estaba desnudo, mirando hacia el techo.

Domingo 10 Junio 2007 | 20:12

Poco tiempo atrás, la serie había sido cancelada y el hombre de acero sacado del aire por bajo rendimiento en el campo de los ratings. Reeves no podía más de la felicidad. Estaba harto de la capa, las botas, las pecheras de hule y, sobre todo, harto de que su público se redujera, prácticamente, a niños que lo veían como una especie de vaquero evolucionado, moderno, invencible. Reeves sentía que la gente “seria” de la industria no lo tomaba en serio. Eso, a la final, lo mató. Reeves se cansó de ser Reeves y vivía deprimido. Por eso no sería descabellado pensar en un suicidio. Pero la verdad es que el caso nunca pudo zanjarse y es, hasta hoy, uno de los grandes misterios sin resolver del cine fuera del cine. Existe un elemento clave. George Reeves sostuvo durante años un romance con una mujer mayor a él, Toni Mannix, la esposa de Eddie Mannix, uno de los productores más poderosos de Hollywood a mediados del siglo pasado. Reeves abandonó a Mannix por una mujer más joven. Entonces Mannix se puso furiosa y, desde esa furia, parte la hipótesis de un posible asesinato. Pero, repito, no existe un veredicto “oficial”. Y es justamente esa calidad de estar “en trámite” lo que convierte la historia de Reeves en material de película. Esa película, se llama Hollywoodland. Ahora bien, en general, la cinta no está a la altura del mito, pero se deja ver. Para los efectos correspondientes a la ficción, la historia se cuenta, en gran medida, desde la perspectiva de un investigador privado contratado por la madre de Reeves, un tipo llamado Louis Simo (como Louis Lane, tal cual) Tras Simo está Adrien Brody, el mismo que, hace años, ganó el Oscar a mejor actor por su papel en El Pianista y no hace sino mejorar. Brody es lo mejor de esta película. Su personaje, absolutamente ficticio, investiga el caso Reeves para volverse famoso, es decir que él y la víctima tienen las mismas intenciones; eso los une, los ahorca y acaba hundiéndolos. Más allá de eso, Diane Lane brilla como la señora Mannix y Ben Affleck, de quien siempre se espera poco, alcanza una actuación decente encarnando al consumido Reeves. Ojo a la dirección de fotografía, si se fijan, notarán que la cinta tiene un tinte sepia y oxidado, preciso para las almas que buscan su estrella en el paseo de la fama.
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