Actualizado hace: 58 minutos
María Soledad Vela Ch.| E-mail: solevelac@yahoo.com
Trece millones de historias…
María Soledad Vela Ch.|

Tiene el Ecuador… Así nos dice Rubén Darío Buitrón en los talleres, yo lo parafraseo en este artículo porque creo que en esta frase está resumida la idea que debemos seguir los periodistas del siglo XXI. Contar las historias cercanas, las que identifican al común de la gente, humanizar la comunicación en una era que camina hacia el otro lado.

Sábado 09 Junio 2007 | 20:41

Los comunicadores y estudiantes de Bahía de Caráquez trabajamos en un taller sobre los Desafíos del Nuevo Periodismo este 7 de junio, en el mismo con su estilo informal y directo Buitrón nos hizo reflexionar sobre la importancia de ser buenos comunicadores y comunicadoras. ¿Para qué ser periodista? Sólo para servir, para entregar a la ciudadanía lo que necesita saber. Hay que sacar del olvido todas aquellas vivencias que van registrando nuestra cotidianidad y dejar de lado muchas parodias disfrazadas de información. No hay razón para que los periodistas y los medios centren todo su interés en las fuentes oficiales únicamente. El otro lado es mucho más rico y más real. Las otras historias detrás del sensacionalismo, de lo común, de lo institucional deben ser contadas. Y esto debe hacerse con pasión, con interés y responsabilidad. Es terrible y trágico ver cómo muchos comunicadores y periodistas se apropian de la verdad y van registrando una historia que puede ser completamente falsa. Simplemente acomodan los hechos a sus intereses económicos, políticos o personales. No se compadecen con la importancia que tiene su labor y el gran daño que pueden hacer. Hay que defender nuestra profesión, campo de acción y libertad, pero para ello sobran los gritos y los reclamos. Defendamos nuestra dignidad con la dignidad que le demos al oficio. Protejamos nuestro campo de acción con la excelencia. Competimos contra nuestra propia mediocridad e inercia. Tenemos derechos, pero también el deber de ser cada día mejores seres humanos, más preparados, más sensibles. Un periodista no está formado porque estudió en una universidad, su formación es permanente y requiere de una gran disciplina personal. El show no beneficia a nadie. La ciudadanía es cada vez más crítica y ya no es fácil engañarla. Si la meta es mantener la credibilidad debemos inventar nuevos métodos de atraer la atención hacia la información real, no hay que hacer montajes especiales ni falsos. Contemos nuestras verdades. El único poder que tenemos está en manos de la ciudadanía libre que nos escucha, lee o mira. Trece millones de conciencias nos están vigilando, defraudarlas sería nuestro final.
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