Actualizado hace: 3 horas 27 minutos
Rubén Darío Buitrón
El deber de ser distinto

En uno de los excesos presidenciales sabatinos -en los cuales Rafael Correa parece sentirse obligado a “impactar” con sus opiniones y los reporteros en convertirlas en amplios titulares de primera página en los periódicos dominicales-, se anunció la puesta en marcha de un canal de televisión oficial.

Sábado 02 Junio 2007 | 21:31

¿Un canal oficial? Veamos: los espacios que maneja el gobierno en los medios, las cadenas nacionales y los programas pagados se financian con fondos estatales, es decir con dinero de todos los ecuatorianos. Por tanto, dichos espacios deben responder a los intereses del país en su conjunto y hacer pedagogía para toda la sociedad ecuatoriana. Es preciso recordar que Correa levantó tanta expectativa y tanta esperanza que tiene el deber de ser distinto a sus antecesores. Y mucho más si ha dicho que con la llegada de Alianza País al poder “ha terminado la larga noche neoliberal”, que “ha llegado el fin de la vieja partidocracia” y que “la Patria ya es de todos”. Si quiere ser coherente en su discurso y sus acciones, el Primer Mandatario debe marcar distancias con los ex gobernantes a los que critica, pero todavía no muestra diferencias sustanciales con sus predecesores. Si “la Patria ya es de todos” hay que dejar a un lado el tono de campaña electoral y “dar voz a los que no tienen voz”, es decir convertir en protagonistas mediáticos a quienes han estado al margen de las agendas informativas desde sus silencios, sus omisiones, su condición de excluyentes y su invisibilización. La comunicación alternativa que el régimen anunció como filosofía de gobierno choca con la realidad: un estilo presidencial que copa todos los espacios y que, cuando no lo hace, deja que una estrategia publicitaria repetitiva y hueca pretenda convencernos de que el bienestar se ha duplicado cuando lo que ocurre es que hoy se paga dos veces la limosna que Mahuad instauró para disfrazar los terribles efectos del gran atraco bancario que él y sus aliados socialcristianos y demócratacristianos permitieron que ocurriera. Montubios, indígenas, negros, amazónicos, mestizos suburbanos de las grandes ciudades, provincias olvidadas, seis millones de pobres, un millón de ecuatorianos sin empleo, centenares de emigrantes frustrados, agricultores sin dinero para producir, 700 mil niños sin escuela… Ellos no están en las agendas de los medios de comunicación y solamente aparecen cuando son víctimas de una tragedia natural, un crimen espeluznante, un masivo accidente de tránsito o una violación a sus derechos sexuales. Pero ellos tampoco están en la agenda informativa de los comunicadores gubernamentales, quienes, al igual que sus antecesores, siguen privilegiando la imagen y la palabra del poder tal como han hecho todos los mandatarios de esta larga noche seudodemocrática que no terminará si la prioridad es contar con “medios propios” sin una estrategia que eduque a la sociedad, que tienda puentes entre ecuatorianos, que deje atrás la retórica publicitaria y vuelva protagonista a la gente común, es decir a la gente que el pasado 26 de noviembre eligió para su futuro un camino diferente.
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