Actualizado hace: 35 minutos
Jorge Mosquera P.
Sida y socialismo

El sida es un problema que rebasó hace mucho el ámbito de lo personal. Convertido en un problema de las sociedades, y con el agravante de que los tratamientos están en manos de las grandes empresas farmacéuticas encargadas de producir los “retrovirales” a gran escala: la prolongación digna y cristiana de la vida de estos pacientes queda en manos de los gobiernos.

Lunes 28 Mayo 2007 | 21:37

Esta forma de producción les permite a aquellas conseguir enormes ganancias. Los gobiernos, entonces, se han visto en la necesidad de tomar al toro por los cuernos y convertirse en los intermediarios comerciales entre las grandes multinacioneles productoras de medicinas y los pacientes, ciudadanos comunes impotentes ante los precios y reconocidos únicamente por las frías estadísticas que los depoja de toda identidad. Así las cosas, con Gobiernos cada vez más comprometidos con lo social, por convicción o por posicionamientos políticos, un problema eminentemente de salud se ha convertido en uno económico que entonces impone consideraciones y decisiones de mercado. En este ámbito, las patentes de producción mantienen a buen recaudo los intereses de las transnacionales. Tal es el caso de la empresa farmacéutica Merck Sharp & Dohme. Su exclusividad en la producción de estos medicamentos la hacía dueña de los precios y dueña del destino de los cientos de miles de afectados por esta plaga. Los gobiernos en América Latina, no están en posibilidades económicas de atender con la oportunidad y agilidad que demanda este problema de salud pública. A esto contribuyen los elevados precios de los medicamentos para combatir el sida. El dilema de enfrentarse a estas poderosas empresas se sitúa en la condena inmediata que reciben los países por parte de los organismos internacionales empeñados en mantener un status quo que claramente favorece las imposiciones de un mercado que prescinde del ser humano y de su drama frente a la enfermedad. No obstante, la creciente presencia y consolidadión de ideas socialistas en el continente que pretenden matizar al inefable mercado liberal, han hecho posible la toma de decisiones a favor del hombre y no del capital. Es el caso de Ignacio Lula da Silva, Presidente de Brasil, que optó por quitar a la Merck la patente y abrir la puerta de la producción de los “retrovirales” a precios asequibles para el estado brasileño. Decisión que recibió la inmediata condena de la multinacional que advirtió de las consecuencias económicas negativas. Lula dio un ejemplo del socialismo que incomoda a la derecha económica recalcitrante. Correa, como otros presidentes de la región, se alinea con esta tendencia a privilegiar al ser humano por encima del capital. Hacen su filosofía de gobierno en torno a esta premisa. El FMI y el Banco Mundial ya se salpicaron de esta “osada actitud” presidencial. ¿Permitirán que el proceso continúe”.
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