Actualizado hace: 14 minutos
Miguel Brito Mieles
Adiós a mi señorita Lila

Cursaba el tercer grado de la escuela Tiburcio Macías de esta ciudad, allá por el año 1954, y mi maestra querida y muy amada era la “Señorita Lila” que así por cariño todos sus alumnos la llamábamos, pese a que ya había contraído nupcias con el también apreciado maestro Don Segundo Hermida Ávila.

Sábado 26 Mayo 2007 | 20:28

Recuérdola cómo tan dulcemente nos trataba, poseía el don de los maestros que nacen para amar a sus alumnos e inculcarles sus conocimientos y hábitos positivos para nuestras vidas. De figura delgada, de tez muy blanca como la azucena, hermosa flor que reina en nuestros espacios jardineros; de cabello negro y ensortijado y provista de una sonrisa natural y espontánea que la hacía más querer de sus pupilos. Siempre la recordaré como siempre la he tenido presente. Por designios inexorables que se escapan de nosotros, los mortales, la temible parca nos la arrebató, y, por desventura mía, ni siquiera pude participar en su cortejo final, pues por razones de trabajo me encontraba ausente de, esta, mi ciudad. Mis palabras quizás resultan huérfanas de elocuencia de la que poseen solamente los privilegiados de ese don natural, pero mi dolor más ha podido y me he obligado a escribir esta nota sentida como la demostración de mi admiración, cariño y gratitud a tan excelsa maestra. Sugiero a la Ilustre Municipalidad que a una de las calles de nuestra ciudad se le imponga su ilustre nombre; Lila Alarcón Cano, porque lo merece, no sólo por haber educado por más de 45 años, sino porque muchos de sus discípulos forman hoy lo más representativo de nuestra provincia y por haberse constituido en el venerable tronco de una familia muy estimada de la localidad.
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