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Rubén Darío Buitrón
Doble desafío
Rubén Darío Buitrón

¿Tiene estrategia de comunicación el gobierno? ¿La tienen sus funcionarios? Si la tienen, ¿cuánta perversidad o ingenuidad hay en ella? ¿Susurran a los oídos del Presidente, como en la esquemática militancia universitaria, que “la prensa burguesa es enemiga del cambio revolucionario”?

Sábado 26 Mayo 2007 | 20:26

¿Conciben la “comunicación alternativa” desde un canal de televisión gubernamental que responda “todas las falacias” de los medios? ¿Atizan el fuego donde arden los periodistas mentirosos, cómplices del desastre nacional? ¿Buscan una figura jurídica para castigar con prisión a los periodistas “miserables que no captan el sentido del proyecto revolucionario”? ¿Y los medios? ¿Y los periodistas? ¿Y los columnistas? ¿Sobre qué representación decidimos, ante la debacle de la partidocracia? ¿asumirnos como actores políticos? ¿Resolvimos colocarnos los guantes de box y situarnos en la esquina contraria a la del Presidente? ¿Confundimos el papel de contrapoder con el de antipoder? ¿Nos cuesta asumir las observaciones que la sociedad hace a nuestro trabajo no siempre preciso, no siempre equilibrado, no siempre sereno? ¿Estamos conscientes del peligro que constituye el espíritu de cuerpo si a éste no lo acompaña una rigurosa autocrítica? El problema es profundo. Está en juego el futuro del periodismo, de la libertad de expresión, de la libertad de prensa, del riesgo que implica para una sociedad el hecho de que un gobierno quiera ser calificador de lo que está bien o está mal publicado. Al gobierno no le corresponde sentenciar los productos mediáticos. Cualquier intromisión en ese campo proyecta sombras sobre el ejercicio de la libertad. Pero, en compensación, al periodismo le corresponde ser más profesional, más democrático, más respetuoso en el ejercicio de esa libertad. Al régimen le toca cumplir sus promesas, sus objetivos, sus proyectos. El presidente Correa ha ofrecido un cambio radical en las estructuras de la sociedad y al final de su mandato tendrá que rendir cuentas a sus electores. Su reto es gigantesco en un entorno donde el escepticismo y el rechazo a los políticos se transformó en una esperanza. Quizás en la última esperanza. A los medios y a los periodistas nos toca asumir la responsabilidad ética de asimilar la crítica externa, reconocer nuestras fallas, dejar de considerarnos intocables, generar espacios de sincera autocrítica y rendir cuentas a nuestras audiencias. La honestidad del poder se mide en la condición humana de quienes lo ejercen, en su sensibilidad social, en su actitud serena en momentos tensos, en su liderazgo para conducir el cambio, en su capacidad para enfrentar las discrepancias con argumentos y altura intelectual. El país necesita un gobierno lúcido y visionario que no tropiece en las mismas piedras de sus antecesores. El país necesita una prensa responsable y de calidad que luche por cumplir su compromiso de representar el interés mayoritario. Los nuevos ciudadanos, los del cambio, exigen por igual al gobierno y a la prensa. Se trata de un doble desafío para un solo país.
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