Actualizado hace: 15 minutos
José Ramón Moreira Aliátis
¿Y la herencia?

Gracias a nuestra inveterada costumbre de mantener constantes relaciones con los campesinos, cultura a la que pertenecemos, nos enteramos de situaciones que para muchos pasa desapercibida. Muchas familias, en décadas pasadas, migraron a los centros poblados por tres razones: la sequía, la falta de trabajo y la educación de la prole, que es lo único que nos vuelve iguales.

Lunes 29 Junio 2015 | 04:00

Este abandono de las tierras ancestrales, por buscar un mejor futuro, sin mirar atrás, se dio gracias al deseo eterno de los padres trabajadores y responsables de sobrevivir y permitirle a los hijos lograr un mundo mejor. Después de tanto bregar, de trabajar incesantemente, todos, en beneficio de la familia, llegan los momentos de pagar el tributo a la vida: muere el padre, la madre con el terrible mal de Alzheimer, que es una muerte en vida con gastos incesantes y asistencia las 24 horas del día.
Se trata de vender un bien inmueble, que es lo que hay después de haber trabajado toda la vida, para costear el mantenimiento de ese cuerpo. No hay compradores y el colmo es que el valor que se coloque en el mercado hay que repartirlo con los que menos tienen, pues hasta tanto la ley de herencias estará vigente si la Asamblea la discute o se allana. 
Hablan de equidad, hablan de inversiones, hablan que habrá más trabajo, hablan de sociedad justa, hablan de compartir, pero no dicen: daremos todas las facilidades para que hayan inversiones internas o externas, para crear fuentes de trabajo; hablan de emprendimientos y las iniciativas de los jóvenes se truncan por la infinidad de documentos que exigen los gobiernos locales del Estado. Y la serie de medidas que en lo laboral, tributario y seguridad, hay que cumplir. ¿Acaso creemos que al que inicia una idea le sobra el dinero? Si es lo que más falta. 
Y por último, se llenan la boca hablando en nombre de los pobres. Cuánta demagogia, cuánta mentira; le matan cualquier germen de labrar su propio destino, para tenerlos sojuzgados y ser ellos los eternos jerarcas que gozan de viajes oficiales por el mundo en transporte propio; vivir en palacios, comidas de príncipes, vestidos de los mejores modistos y educación de privilegio para sus hijos.
Nadie acepta, y deben entenderlo así los autores del proyecto, que a los padres que les ha costado tanto, y después de años privaciones y de penurias, para lograr poseer una fortuna y transmitirla a sus hijos, regalarlas a terceros a través de impuestos. Y es muy simple, la cultura y la idiosincrasia de nuestros pueblos no admiten semejante desaguisado, salvo excepciones, como la de aquellos solitarios que legan a perros y gatos. 
El señor presidente debe retirar su propuesta de ley de la asamblea.
 
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