Actualizado hace: 1 hora 54 minutos
Riqueza
El montuvio es más que amorfinos

La danza, vestimenta, costumbres y tradición oral forman parte del folclor de cada pueblo de Ecuador.

Domingo 28 Junio 2015 | 04:00

Hoy se continúa con la serie ‘Tradiciones ecuatorianas’, que expone algo más de la riqueza cultural de las regiones del país.

El libro ‘Alza que te han visto’, de Wilman Ordóñez, señala:
 
“Nuestra música es de tradición oral, no recogida en su totalidad, que aún guarda y aguarda silenciosa por un serio estudio de antropologización de lo nuestro. Aunque fue relevante lo asumido por algunos cronistas del siglo XIX, extranjeros y guayaquileños, que fueron capaces de captar el alma y sencillez de nuestra música, en el fango y en el lodo de las antiguas aldeas de nuestra región.
>Datos. Pero no negaron nuestra música rural, del campo montuvio, que escucharon y vieron bailar en sus coreografías de taconeos y balanceos criollos. En nuestros Archivos municipales reposan las actas del cabildo, donde se dice, en la Colonia, que nuestros mulatos y ladinos costeños solían bailar y cantar su música, en bailes de ‘tablas’ y a ‘golpe e’ tierra’. Que hubo fandangos y mojigangas propios de las ‘calles bajas’ -¿Montuvios y negros?- que alteraban el ambiente y la ‘moral pública’ en ‘estruendosos golpes de carácter africanos’. 
No solo es el amorfino, por lo que hemos trabajado mucho también sino su cultura material e inmaterial: fiestas, usos, tradiciones, costumbres y saberes populares, que están, se sitúan y perviven en su espacio geográfico y sociocultural. 
>relato. Una historia, relatada como un cuento fantástico, me permitió comprobar lo que mis abuelos, montubios de las provincias de El Oro y Los Ríos, comentaban en añejas tertulias familiares: que montubios de las haciendas donde ellos habitaron, cuando de bailar y trabar contiendas de amorfinos se trataba, sacaban del jurón una vieja tambora y de palo ahuecado y unos pitos de caña rolliza. ¡Zaz! que empezaba el baile. ‘A punta de golpes de zapateos en el piso y aflamencadas posturas en los brazos’, afirma mi padre desde sus recuerdos, que a su vez son los recuerdos de sus abuelos y mis abuelos, que en mí supieron sembrar el amor que tanto profeso por ellos”.
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