Actualizado hace: 11 minutos
Santa Ana
“7 vidas” y sus desgracias

La fatalidad persigue a Yandry Cantos León como su sombra y no le ha dado respiro durante sus 23 años de vida.

Sábado 27 Junio 2015 | 04:00

 Son tantos los inconvenientes sufridos, que sus amigos le han puesto apodos como “Desgracia andante”, “El hombre con más suertes” y “7 vidas”.

Yandry asegura que estuvo a punto de morir desde el momento en que nacía.
Indica que el cordón umbilical se enredó en su cuello de tal manera que puso su vida en peligro. Favorablemente los médicos actuaron rápido y lo arrancaron de los brazos de la muerte.
Por todo lo que le ha pasado, sus padres viven con miedo cada vez que sale a la calle. “Cuando me demoro en llegar a la casa, se preocupan”, señala Yandry.
DESDICHAS. A los 3 años sufrió su segundo percance, quizás el más “suave”. Se aprestaba a beber una taza de leche tibia, pero en lugar de eso en el recipiente había agua hirviendo. Todo el líquido cayó sobre su pecho, su pierna y pie izquierdo. Las quemaduras fueron dolorosas.
Cuando tenía 6 años salió a pasear con un tío durante las fiestas de Santa Ana. En el momento menos pensado alguien lo empujó. Yandry cayó al piso justo cuando pasaba  un “gusanito” (carro de feria). Una de las llantas del vehículo le pasó por encima de la cabeza y le desprendió una de las orejas. Favorablemente en el centro de salud lo curaron.
Cuatro años después la fatalidad lo volvió a visitar. Yandry dice que de pequeño quería ser veterinario y en una ocasión se puso a jugar con un primo.
Mientras su primo “atendía” a una gallina, él se encargaba de un cerdo. Cuando “revisaba” al porcino, el animal le mordió y lesionó un nervio del pie izquierdo, con lo que afectó su movilidad. Fue necesario que lo operaran. Desde entonces, Yandry tiene que utilizar una férula de plástico.
Delicado. A los 12 años sufrió una de sus peores lesiones.
Cuenta que él jugaba a las escondidas con un hermano en el parque Eloy Alfaro, justo cuando estaban regenerando el lugar.
La ansiedad por esconderse fue tan grande que se lanzó a un pozo creyendo que era no era profundo.
La sorpresa fue cuando comenzó a caer. El hueco tenía 10 metros de profundidad.
En la caída se fracturó un cartílago de la pierna derecha.
A los 13 años chocó de frente contra un camión cuando iba en bicicleta, pero no sufrió lesiones.
Tras tres años de respiro, volvió a estar cerca de la muerte.
Cuenta que un amigo le dijo que si tocaba unos cables que pasaban cerca de un balcón le regalaría un encebollado. Él  acercó la mano para fingir tocarlos pero la corriente lo haló. 
Yandry señala que se ayudó con el balcón, pero sufrió una descarga que le quemó un dedo, el abdomen y los glúteos. Ocho amigos que trataron de salvarlo sufrieron quemaduras.
Dos días después, cuando jugaba baloncesto, el tablero le cayó en la cabeza y le causó una inflamación del cráneo.
A los 19 años, iba con un amigo, cada uno en una moto, y una iguana los distrajo. Chocaron contra una vaca.
Entre los 20 y 21 años sufrió otros percances, aunque no de cuidado.
El accidente más grave en moto lo sufrió el año pasado cuando iba a 24 de Mayo. Al llegar a la parroquia Lodana, y al tratar de girar a la altura de la UPC, un vehículo que iba de Portoviejo a Santa Ana lo impactó.
Producto de aquello tuvo contusiones en todo el cuerpo y una costilla hundida. Dice que todavía tiene secuelas en sus extremidades y cadera.
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