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TRADICIÓN
Pedro y Pablo son dos santos de fe y fiesta

Las Fiestas de San Pedro y San Pablo son una de las expresiones más populares de la provincia.

Viernes 26 Junio 2015 | 03:00

 Estas celebraciones que arrancan en junio son un fundamento de la identidad manabita y que toma como personajes principales a los apóstoles Pedro (que apadrina al ‘Gobierno de Blancos’ de Castilla) y Pablo (que apadrina al ‘Gobierno de Negros’ de Nueva Guinea).

 
>Historia. Señala la investigadora cultural Ángela Zevallos que históricamente las festividades en honor a los santos apóstoles Simón Pedro y Pablo de Tarso surgieron a finales del Imperio romano, en los siglos III - IV aproximadamente, en conmemoración del martirio y muerte en Roma de dichos apóstoles. 
Este evento que es una de las más grandes celebraciones religiosas se efectúa desde el 29 de junio, fecha del traslado de sus restos.
En Ecuador, las fiestas de San Pedro y San Pablo tienen una directa relación con la conquista y colonización española, ya que los conquistadores resignificaron las fiestas tradicionales de los pueblos originarios, aunque para algunos expertos estas fiestas religiosas son el resultado de una mezcla entre evangelización y resistencia a la conquista. 
Las fiestas en Manabí tienen más de 100 años y, según algunas investigaciones, se iniciaron en Montecristi pasando a Picoazá y extendiéndose luego por toda la provincia. 
“A estas fiestas ha sido vinculado el mismo Eloy Alfaro como protagonista, antes del triunfo del liberalismo (1895), lo que nos daría un tiempo mayor a 120 años de vigencia”, dijo Zevallos. 
 
>Rituales. El periodista e historiador Joselías Sánchez también amplía que las festividades propician la interculturalidad, el encuentro, la abundancia, la felicidad, las promesas y realizaciones.
“Cada presidente de los gobiernos tiene una presidenta, ministro, ejército con sus cuchilleras, abanderados, una joven reina y una banda de pueblo”, señala.
Los presidentes de cada república junto con su séquito (gabinete con ministros, militares, macheteros y cuchilleras)  constituyen los priostes de la celebración.
Al que no participa siendo designado presidente, miembro del gabinete o del ejército le “caen desgracias”, dice Sánchez,  que se reflejan en anécdotas como ser perseguido o mordido por la culebra, mala cosecha o que la embarcación naufrague o haya mala pesca, refiere.
La Iglesia católica también forma parte activa de la celebración.
El padre Larry Bowen destaca que aunque en estas festividades también hay una mezcla de lo santo y lo profano, “lo que buscan es proyectar aspectos como la unidad y la reconciliación”, dice.
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