Actualizado hace: 1 hora 34 minutos
Portoviejo
Simón, el tomatero de la universitaria

En una pequeña parcela, en plena ciudadela Universitaria, Simón Palma Macías cuida como si fueran hijos suyos a 19 cultivos.

Jueves 18 Junio 2015 | 04:00

Entre calles, casas y a una cuadra del edificio del Complejo Judicial, cercado por unas sencillas latas, este agricultor de 58 años ha sembrado tomate, yuca, habichuela, pimiento, maracuyá, guineo, papaya, mango, limón, naranja, plátano, ají, sábila, albahaca, hierba luisa, maní, choclo, guaba y guayaba.

 

Aunque vive en una zona totalmente urbanizada y de uso residencial, este entusiasta de la agricultura inicia su jornada como si estuviera en medio de una campiña rural.
De su casa camina un par de cuadras y cada día, a las 06h00, revisa una a una la variada plantación que sembró en el terreno que le prestó un amigo.
Quita la maleza, riega la siembra, mira cómo se desarrollan los frutos, vigila que no la afecten plagas, revisa si no hay ataques de insectos.
“Ya no es como antes -reflexiona- ahora hay nuevas plagas y toca usar buenos químicos”.
Aunque su experiencia es basta, cuenta que ha tenido que recurrir a almacenes de agroquímicos para hacer frente a determinados agentes nocivos que ha detectado que tienen mayor agresividad.
Herencia. Aunque nació en Santa Ana, toda su vida la ha hecho en Portoviejo. 
Vivió su infancia en el sitio Mejía y allí aprendió de su padre a labrar la tierra, fue la mejor herencia que le dejó, cuenta.
“Era igualito, donde podía andaba sembrando”, ríe mientras muestra orgulloso los tomates grandes y redondos que acabó de cosechar.
Este año le fue bien con ese cultivo y encontró buen precio.
Calcula que hizo unos 800 dólares e invirtió 300. “Con esto uno se ayuda en algo”, dijo.
Ese es el único cultivo que usa comercialmente, el resto son para consumo de su familia, de amigos y vecinos. Y aunque vende gran parte del tomate, otra gran porción la deja para compartirla con sus allegados.
Follaje. El pequeño terreno de 20 por 25 metros que cosecha en la ciudadela Universitaria es como una finca en miniatura.
Donde se mire está estratégicamente un cultivo. Entre las hileras de tomates aparece una mata de plátano con un racimo enorme y de un verde intenso.
Más allá, dando sombra a unos pimientos se levanta un árbol de limón y otro de naranja. 
“Esto es lo más saludable, así uno se mantiene lejos de cualquier vicio y trabajando con las plantas se encuentra mucha paz y buenas energías”, explica Simón, que confiesa que ahorra mucho dinero, ya que muchos frutos y productos los toma directamente de su huerta y no necesita ir al mercado.
Vecindad. Simón no sólo vive de la agricultura, también trabaja como guardia en la Universidad Técnica de Manabí en la tarde y noche.
Allí algunos compañeros consultados lo recuerdan como alguien que con frecuencia les lleva a regalar productos que cosecha.
Isidro Quiroz es su vecino hace unos 35 años y confirma que es un apasionado por la agricultura.
Cuenta que cada vez que cosecha los vecinos reciben raciones de los productos frescos.
Busca en el patio de su casa y muestra un cajón plástico con decenas de grandes tomates rojos y redondos que Simón les regaló. 
“Es alguien de corazón amable que ama la tierra”, sentenció. 

 

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