Actualizado hace: 4 horas 24 minutos
Childerico Cevallos Caicedo
Los periodistas y el poder

Los periodistas, mientras menos comprometidos estén con cualquier mando, poder o administración estatal, es mejor para todos: para la profesión, para los medios, para el desarrollo progresista de los pueblos, para los mandatarios y, sobre todo, para proteger su obligatoria manera democrática de informar.

Domingo 14 Junio 2015 | 04:00

Porque habrá evasión de compromisos, alejamiento del compadrazgo, cierre de vías a las tentaciones. Y estará limpio, habilitado, autorizado moralmente para, de haberla, denunciar la corrupción.
Porque, en esas condiciones, todo aquello que suceda podrá ser relatado con veracidad, eficiencia, imparcialidad y pulcritud, factores esenciales para la credibilidad del periodista y del medio que publica la información. 
Porque mientras mejor y oportunamente estén enterados de lo que sucede a su alrededor, los pueblos podrán decidir sus destinos, premiando a los administradores, a quienes ejerzan con claridad y seguridad sus funciones al cumplir correctamente con sus responsabilidades.
Porque los funcionarios de elección popular, políticos de profesión o no, estarán ciertos en sus pasos dados, tendrán claro lo que hacen, sin aquel maquillaje de la coima, del adulo, de la genuflexión, que deteriorando la personalidad suele ocultar los yerros que se presenten, cuando lo que se requiere es la verdad para evitar que los malos pasos puedan desviar de camino a las buenas intenciones del administrador, u ocultar su reales intenciones.
Y bueno para la democracia, porque, bien informada, la población estará hábil para escoger con libertad y seguridad a sus mejores representantes.
Porque, luego de haber conocido las ejecutorias de los funcionarios y administradores, será capaz de decidir qué y a quién le conviene encargar el futuro de su bienestar, ejerciendo su soberano derecho al sufragio.
Pero para ello hay que informar consciente, oportunamente; de manera veraz y apegado a la realidad y dispuesto a enfrentar y atenerse a la otra parte de la realidad: que esto no suele gustar al mandatario o funcionario cuando, dependiendo de los intereses afectados, ve en los comunicadores, en los informadores sociales, en los periodistas y medios, sus oponentes, adversarios  o enemigos cuando no concuerdan con sus procedimientos, ejecutorias, decisiones o manera de gobernar.
Aquello, aclaro, no significa descartar o no mantener amistad, cercanía o diálogo con los funcionarios.
Al contrario, debería sostenerse mutuamente una frecuente relación para el intercambio de opiniones, aspiraciones y esperanzas, a través de entrevistas, ruedas de prensa o conversaciones varias, en que la franqueza subraye la responsabilidad de cada quien, sustentada en los derechos y deberes de cada función. 
Y, especialmente, distinguiendo, de manera preferencial, el mutuo respeto al derecho de opinión y a la personalidad de cada quien.
Se dice que el periodismo es el cuarto poder del estado, muletilla que habría que  interpretarla como la esencia del periodista para hacer de contralor de la corrupción y defensor de los derechos que tiene el hombre, tanto a saber siempre la verdad cuanto a la permanente práctica de sus libertades.
 
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