Actualizado hace: 3 horas 29 minutos
Los que lavan en el río

Como si se tratara de un pasacalle, Héctor Palomeque se mueve sobre una tina. Lleva un uniforme de la selección de fútbol de Ecuador y lo combina con un par de botas de caucho negras.

Martes 09 Junio 2015 | 04:00

 
Con este atuendo llena agua en la tina, coloca el detergente y la ropa e inicia la ‘danza’ que dura unos cinco minutos.  Asegura que sus movimientos son más efectivos para limpiar la suciedad, que las máquinas lavadoras. Luego saca la ropa de la tina y la sumerge en las frías aguas del río Tomebamba, que atraviesa el centro urbanístico de Cuenca. 
Junto a él está su madre, quien lleva puesta una gorra para evitar el sol de la mañana. Ella refriega las prendas de sus clientas con guantes y, al igual que su hijo, las enjuaga en las aguas del río que nace del Parque Nacional Cajas. 
Ellos se ubican cerca de un puente en el sector Puertas del Sol. “Aquí nunca falta el agua, solamente que no llueva. El río no se desborda de las lagunas del Cajas”, dice el cuencano. Palomeque cuenta que esta es la tradición más antigua del lavado que existe en Cuenca. Él conoce muy bien la historia y la cuenta a todas las personas que llegan atraídas por el colorido de las prendas que adornan las orillas del río en plena ciudad. 
“Cuando los españoles conquistaron nuestro pueblo, les hacían trabajar a los indígenas lavando la ropa en el río  y les hacían cernir el agua en cántaros de barro, de esa manera nuestros antepasados trabajaron”, explica el lavandero.
 
Por negocio. A lo largo del río hay varias zonas en las que se observa que son o han sido puestos para lavar ropa. Antiguamente esta actividad la realizaban las amas de casa con un fin doméstico, pero ahora llegan hombres  y mujeres a lavar por negocio. 
En el sector de Puertas del Sol hay una hilera de personas realizando la actividad.  Ester, de 78 años, es una de las mujeres que llega a lavar al río, dice que cuando era joven iba todos los días, pero hoy por hoy lo hace esporádicamente. 
La acompañan algunas hijas y nietos. Mientras las madres lavan, los más pequeños se divierten en el césped que cubre la orilla o en los juegos más cercanos. 
Varios pasos más adelante del puesto de Ester está Maribel Wasán, restregando camisas sobre una piedra. Ella es una de las más jóvenes del grupo de lavanderos. Cuenta que lavar en el río es una tradición que no piensa dejar morir, pues desde pequeña llegaba con su madre al Tomebamba para lavar la ropa. 
A diferencia de los otros, Maribel lava la vestimenta de los miembros de su hogar. En el río permanece hasta antes del mediodía, pero cuando hay buen sol tiende las prendas en el césped de la orilla para que se sequen. 
Eduardo Placencio también llega al río, pero no lava ropa, sino cajas para congelar del mercado de Cuenca. Su presencia en el lugar es eventual, pero asegura que le gusta estar junto a gente que mantiene las tradiciones de su ciudad. 
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