Actualizado hace: 4 horas 3 minutos
Fernando Macías Pinargote
¿Babel del siglo xxi?

En 1946, George Orwel (1903-1950) escribió un provocador comentario sobre lo que en ese tiempo este escritor británico consideraba la decadencia del idioma inglés. Con más ejemplos vivos que referencias bibliográficas, el autor intentaba demostrar que en las sociedades humanas, por lo menos en la inglesa, un uso inadecuado, una versión eufemística, o el ocultamiento intencional de una idea, llevaba a grupos sociales, políticos y literarios, a la distorsión de la verdadera comunicación de significados, reemplazándolo por una de ambigüedades.

Jueves 11 Diciembre 2014 | 04:00

El autor llegó a creer que esa forma de pervertir el mensaje, utilizando las palabras más inadecuadas e inoportunas, no solo influía sobre el grueso de la sociedad, sino sobre el pensamiento, base de todo esfuerzo intelectual, originando una especie de antropofagia lingüística.
Han pasado los años y de ese entorno del tiempo  de  Orwel,  marcado por una guerra mundial espantosa, dos bombas terribles lanzadas sobre  inocentes ciudades japonesas y por la  incursión inicial de la imagen, hemos pasado  a un entorno de  muchas guerras en curso, de armas de destrucción masiva inimaginables y de un desarrollo de la imagen que abarca hasta los recovecos de la vida cuotidiana.
Hoy asistimos a un escenario descomunal, con un mapa cambiante por la aparición de nuevos países, con siete mil millones de seres humanos tratando de entenderse y entender, con la aparición de doctrinas a granel. 
Orwel  podría decir hoy que la sociedad global- ya no solo la sociedad  de habla inglesa- asiste a una trasformación permanente del lenguaje humano, con aciertos y perversiones, con horizontes y abismos. Ya no se habla solo  del lenguaje de naciones o  regiones, sino  del de cientos de grupos minoritarios presionando  sobre grupos mayoritarios y viceversa.
Influenciados por modismos y por máquinas, asistimos a una liberalidad en el habla humana, que hace, por ejemplo, que las redes sociales globalicen conceptos y estandaricen acepciones. ¿Estamos frente a una permanente revolución de los significados y significantes, o a una especie de caos organizado que nos llevará a la debacle de las palabras habladas y escritas?  ¿Vamos hacia un esperado Esperanto, o, por lo contrario, hacia  una Torre de  Babel del siglo XXI?
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