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Tema del Día
Cuando los años pasan

Tobías fue mecánico, chofer, tractorista y tripulante de un barco en la Segunda Guerra Mundial.

Lunes 08 Diciembre 2014 | 16:23

A los 30 años empezó a escribir noche a noche sus memorias, pero un naufragio hace mucho tiempo, cerca de la isla Puná, en la provincia del Guayas, ahogaron sus letras, todo se hundió. Ya tenía avanzado bastante el libro.

Oriundo de Alausí, provincia de Chimborazo, Tobías Brito es un hombre de 96 años, que en la actualidad vive en la Fundación de Ancianos de Manta (Funteman).
A raíz de la muerte de su esposa, hace ocho años, uno de sus ocho hijos le sugirió la posibilidad de vivir en un asilo, donde sería bien atendido porque ya no había quién cuidara de él. Todos  los hijos tenían sus ocupaciones. Él no vio mala la idea, porque donde vivía tenía muchas necesidades: se alimentaba con comida de restaurante y estaba solo. En una ocasión, para no sentirse aburrido se puso a mover unos baldes de agua y fue ahí cuando se afectó  la espalda debido a una caída. Ahora camina con la ayuda de un andador.
> SU VIDA EN EL ASILO. Hace cinco meses que está en el asilo. Había pedido que le concedan una habitación en la parte alta con vista a la calle, pero por el ruido de los carros y el deseo de tener facilidad para salir al jardín de la institución, solicitó que se lo cambie a la planta baja.
“La primera vez que bajé al patio y me encontré con toda la gente, veteranos hechos un cementerio, unos sin piernas, sin brazos, sin poder hablar. Me impresioné”, recuerda.
Mientras comentaba ese episodio, sus lágrimas saltaron de sus ojos y un silencio reinó. Suspiró. 
Viendo aquel cuadro, recordó el poema de un escritor ecuatoriano que dice: “No son muertos los que descansan en su tumba fría, muertos son los que muertos tienen el alma y aún viven todavía”.  A su edad, admite que a pesar de la lentitud de sus palabras y su andar, su alma está viva y considera que le falta mucho por hacer.
Su geriatra le ha dicho que tiene que hacer una dieta porque sus intestinos no son tan fuertes y resistentes como antes. 
Toda persona a su edad está propensa a enfermarse, porque su órganos también han envejecido, dijo.
> LA HISTORIA DE MARGARITA. En su juventud no podía andar con los brazos descubiertos porque se convertían en “tizones para el diablo”, le decía su madre, repitiéndole una y otra vez. Margarita tiene 78 años de edad y nació en una época de prohibiciones. 
Criada con mano dura y con la idea de que la mujer en la casa y el marido en la tierra (refiriéndose al campo, a la labor agrícola), así creció y vivió. 
Se casó a los 18 años, tuvo ocho hijos, cuatro mujeres y cuatro varones. Tiene más de 30 nietos y algunos bisnietos. Es la madre y abuela que algunos quisieran tener y que otros rechazan. 
> SESIENTE SOLA. Algunos de sus hijos no la visitan y eso la hace llorar. Con su delantal café que usa para cocinar, seca sus lágrimas. Dice sentirse sola, aunque vive acompañada, pero de gente distante e indiferente y eso le causa mucha tristeza. A veces siente que cuando habla sólo las paredes la escuchan.
“¿Qué harán cuando se les vaya esta viejita?”, lanzó la interrogante al viento, sollozando, como tratando de recibir una palabra de regreso. 
Vive en Manta, en una casa que compró con los ahorros de toda su vida, pero irónicamente en la actualidad duerme en la sala porque la habitación de ella está inhabitable por la humedad, mientras que los demás (su hija y sus nietos) duermen en sus cómodas habitaciones.
> DOS HISTORIAS CON UN FACTOR COMÚN. Tanto para Margarita como para Tobías, la vida tiene otro significado. 
Los dos sienten que han dado todo y ahora no reciben nada afectivamente, se sienten olvidados. Y es algo que los entristece a tal punto de deprimirse. 
Renán Mercado, director de Funteman, señaló que el estado depresivo del adulto mayor parte del cómo es tratado en el entorno familiar. “Cuando el anciano carece de esta atención se encierra en sí mismo, al punto de llegar a desear morir rápido”, dijo Mercado. 
La socióloga Marcela Salgado considera que estamos viviendo en una sociedad deshumanizada e individualista. “El ser humano ha optado por organizarse en familias nucleares, en las que los ancianos no tienen cabida, olvidando que a esta edad necesitan mayor atención, cuidado y afecto”. 
El doctor Carlos Palacios considera que la ancianidad es contemplada vulgarmente como una realidad que afecta a sólo una parte de la población. 
Sin embargo, la concepción de la ancianidad se basa en que la persona entra a una etapa distinta a las vividas anteriormente. 
En esa etapa, el individuo adquiere unos potenciales únicos y distintivos: seriedad de juicio, experiencia, madurez vital, perspectiva de la historia personal y social, que pueden compensar las limitaciones de esta etapa vital.
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