Actualizado hace: 3 minutos
Walter O. Andrade Castro
Multimillonario a los 26, preso a los 36

Multimillonario a los 26, preso a los 36. Festejó como rockstar, vivió como rey, cayó como delincuente. De día ganaba miles de dólares por minuto, de noche gastaba todo en drogas, sexo y viajes por el mundo”. Esto dice la contratapa del libro “El Lobo de Wall Street”, en esencia una biografía y más que eso una memoria de Jordan Belfort, el genio del fraude que para miles fue la mente brillante, la inteligencia más lúcida, el cerebro iluminado, el creador excelso y el vendedor de acciones y valores que sorprendió en su momento al mundo.

Lunes 08 Diciembre 2014 | 04:00

Belfort se podía gastar en una cena 25 mil dólares y en una fiesta de un fin de semana cualquiera 700 mil. Claro, era dinero fácil, producto genuino del engaño. ¿Cuál era su negocio? Comprar acciones basuras, inflar su valor artificialmente y venderlas a precio inflado aprovechando la avaricia humana. Y para lograrlo creó un equipo y una filosofía de trabajo destinado para ese fin. Una auténtica operación de fraude. En estas memorias, tan sugestivas y asombrosas, se basó la película del mismo nombre que tuvo a Leonardo Di Caprio como protagonista y que estuvo de candidata al Óscar en el 2013.  

¿A qué viene todo esto? Bueno no sé si algo parecido se ha dado en el caso de Petrobras, la gigante estatal brasileña del negocio petrolero. Como se sabe, un esquema de corrupción, tan grande como la empresa, acaba de salir a la luz. Los montos de los que se habla asustan aún en Latinoamérica, tan proclive a los negocios turbios con el estado. Se barajan cifras que rondan los tres mil millones de dólares en sobornos. Los hechos se conocían desde mucho antes del mundial. Lo que sorprende, eso sí ahora, es que a ejecutivos de primer nivel de las empresas líderes en el ramo de la construcción de Brasil se los haya tomado prisioneros por orden de un juez. Luce raro aunque normal en otras sociedades. Y más sorpresa: algunos de los detenidos están listos a devolver millones: uno 23 millones, otro 19, otro más 27. 
¡Increíble!
Esto es lo que ha publicado la prensa. Con seguridad algunos millones han servido para el gasto loco y extravagante, tal cual lo hacía Belfort, quien una vez compró uno de los yates más lujosos del mundo para que después se hunda frente a las costas de Italia. 
Esto no es raro, más bien es lo común, con dinero fácil. Al final del día entonces, ellos como Belfort defraudaron: unos al estado, el otro a inversionistas.
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