Actualizado hace: 38 minutos
Carlos Intriago Macías
Mano dura con los ángeles

Los gobernantes se sintieron dueños de la verdad y de la ideología del cambio. Esta élite obtenía su prosperidad económica de la estructura burocrática.

Martes 02 Diciembre 2014 | 04:00

 El líder estaba bien frente a las masas que lo habían reelegido. 

El líder se volvió un dogmático del mesianismo y del culto a la personalidad porque concentró todos los poderes concedidos por su oferta de realizar la utopía de una sociedad igualitaria sin oprimidos ni opresores. Así el presidente se hizo superhombre. 
En cambio, el estudiante se volvió en el hombre eslabón entre la bestia vigilante y el superhombre. Los jóvenes vislumbran que el cambio debe ser constante e inconformes salen a las calles de los distritos a protestar y se encuentran con las faringes de gorilas, que entrenados por carniceros del primer mundo, se arrogan como aves de rapiña con su violencia y castigo sin fin. 
Los estudiantes peruanos son golpeados, ensangrentados, detenidos, filmados en la plaza de San Martín. Se convierten en un abismo estremecedor, que provoca tanta desolación y repulsa, que Alberto Fujimori, después de una década como gobernante, es alejado de la presidencia acusado de corrupto y violador de los derechos humanos.  
En estos días, Fujimori (de paso, quien fue el último invasor a nuestro país, un inca perverso que derrotamos en lo militar pero no en lo diplomático) vive su cortejo fúnebre apenas rodeado por los mismos vigilantes de antes, los cuales siempre disfrutan de la banalidad de la maldad impune, del mal burocrático como lo probó Hannah Arendt (1906-1975). 
Alberto Fujimori pese a su inteligencia, estudios en Europa y Estados Unidos, perfil académico,  tener una nueva Constitución y ganar una segunda reelección; después de la toma de la embajada japonesa en Lima del 22 de abril de 1997, cambió su imperativo categórico. El pueblo y la democracia ya no fueron lo fundamental. 
Ulises fue superhombre, Fujimori no. Él se dejó llevar por las voces de las sirenas fujimoristas, que hoy ya no lo son o que nunca lo fueron, pero que en todo caso, sacaron buen provecho de las circunstancias y de un hombre que estando en la presidencia se olvidó que en un momento de plenitud fue un estudiante inconformista y rebelde, un ángel de la dialéctica de la historia.
Los gobernantes deben  tener presente que el poder se construye para hacer el bien, jamás para mancillar y someter al pueblo y a la juventud al maltrato por estar en contra del desempleo, la inflación y la crisis económica. El pasaje bíblico es claro, con la misma vara que mides serás medido.  
 
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