Actualizado hace: 24 minutos
Melvyn O. Herrera C.
Melvyn O. Herrera C.

Este musical vocablo es el nombre de una maravillosa región de nuestra amazonia, por los nativos que la habitan, la naturaleza que la domina y el petróleo que subyace en él.

Lunes 01 Diciembre 2014 | 04:00

 El feriado de difuntos la conocí. Partiendo de Manta vía aérea llegamos a Quito y a Fco. de Orellana (El Coca); desde ahí iniciamos nuestro tour en la selva con 2 y media horas en canoa a motor -aguas abajo- por el río Napo hasta Yasuní Kichwa Ecolodge parador turístico ideado y manejado por la comunidad kichwa Añangu (hormiga, en ese idioma), donde luego de la ubicación en cómodas cabañas, con el capaz guía asignado nos trasladamos a una torre de observación de unos 40 Mts. de altura laboriosamente construida por ellos para mirar el verde mar vegetal que son las copas de los árboles que pueblan esos suelos, abrigando abajo un mundo de biodiversidad animal y vegetal.

Siguiendo indicaciones acorde las costumbres de la comunidad kichwa y las que exige el medio ambiente amazónico, esa y las 2 noches más que pernoctamos ahí, como también los 4 días fueron cómodos y seguros en cuanto a alimentación, habitabilidad y los otros aspectos que los 4 matrimonios que compartimos esa experiencia, esperábamos. El segundo día exploramos con el guía un mundo diferente al que conocemos, pero tan natural para quienes desde siempre habitan ese entorno basados en el respeto y la utilización de la naturaleza. Todo se despliega a orillas y utilizando los ríos que son las verdaderas arterias de esas vidas; usándolos, visitamos sus remansos conociendo características propias de las gentes, plantas y fauna que ahí habitan, siempre con las indicaciones y respuestas del multilingüe y versado guía nativo, con quien nos zambullimos en las mansas aguas de los ríos, donde capturamos una piraña de las muchas que pueblan esas aguas, sin que nos amedrente la mala fama de ese pez; mismo que lo paladeamos almorzando. El tercer día fue dedicado a más observaciones de la fauna y a tratar con las mujeres de la comunidad sobre sus ancestrales costumbres, las que se completaron con el final e infaltable “shopping” de las artesanías que primorosamente elaboran. Previo al retorno madrugamos a una “guayusada”, ceremonia donde se interpretan los sueños de cada quien, antes de iniciar las 3 horas que aguas arriba nos retornaron a El Coca.
Recomiendo esta experiencia vacacional, la que nos dio conocimientos sobre algo muy nuestro, y nos “desconectó” de la rutina del celular e internet, salvo alguna emergencia y vía paneles solares; además, destaco, el negocio todo es para beneficio de la comunidad kichwa anfitriona; ¡enhorabuena! 
 
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