Actualizado hace: 5 horas 51 minutos
Melvyn O. Herrera C.
La boda del año…

“ Este matrimonio aglutinó a unos 800 invitados”.

Lunes 24 Noviembre 2014 | 04:00

Así, la prensa y los corrillos sociales calificaron la boda que de buena forma trastornó a parte de la sociedad manabita el 15 de noviembre que pasó. No siendo mi fuerte estos temas intentaré explicarme: A los preámbulos circulantes siguió la formal y espectacular invitación, misma que hacía intuir el nivel del evento, no solo por si mismo, sino también por el lugar donde iba a desarrollarse la solemne ceremonia, el matrimonio eclesiástico de los contrayentes; éste fue el novísimo Montecristi Golf Club & Villas, que con tremendo acto en las amplias y funcionales instalaciones periféricas a su Casa Club, hizo su debut  en esta línea de servicios a la comunidad toda.

Con mi esposa fuimos invitados y asistimos a un acto como éste -de calidad y altura por sus sinnúmeros detalles- que anteriormente sólo se podían celebrar en Quito y/o Guayaquil, lo que con otros eventos de este tipo que se han realizado en la provincia, dicen que hemos progresado en este rubro de actividades, debido a la mayor capacidad socioeconómica de la sociedad en general, en este caso, del numeroso núcleo familiar de la contrayente, que se origina en emigrantes que, asentados en esta generosa ciudad, se dedicaron al actual dominante de las actividades económicas del puerto, la pesca y sus varias facetas, entre otras actividades.
Este matrimonio aglutinó a unos 800 invitados, entre familiares y relacionados, nacionales y extranjeros -autoridades, empresarios, políticos, profesionales- asistentes al íntimo acto eclesiástico con la consecuente recepción, en la que la impecable organización previó todo lo imaginable para la satisfacción de los concurrentes, desde la capilla para la misa solemne con el matrimonio en sí, continuando con las atenciones en unas 80 mesas, que primorosamente decoradas hacían juego con el elegantísimo y romántico ambiente creado para deleite general que incluyó diversas bebidas espirituosas y verdaderos manjares en la exquisita cena y las varias golosinas, sin opacar la gigantesca torta nupcial que hacía juego con el dechado técnico de la presentación de varios artistas extranjeros en vivo, que sin descanso hicieron bailar a las parejas asistentes entre las que se destacaron los felices novios. El amanecer nos sorprendió con alimentación apropiada para esa temprana hora, hasta que siendo las 9 del otro día fue cuando quedó vacío el recinto, retirándose cada quien con su -con dedicatoria- kit de medicamentos para el chuchaqui… Me referí a la espectacular boda de la linda Lucía Telesilda De Genna F. y el joven venezolano Ricardo José Rincón Bravo.  
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